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Aprender a tomar decisiones

El niño va aprendiendo poco a poco a reconocer lo que quiere y aceptando los costos que tiene esa elección.

Tomar decisiones es uno de los aprendizajes fundamentales para la vida adulta. Desde niños vamos tomando pequeñas decisiones sin aún hacernos responsables por ellas, no sabemos las consecuencias que traen, ni a quien perjudican. Sin embargo, poco a poco debemos aprender a hacernos cargo de ellas y aceptar que toda elección implica dejar otra cosa. Ahí radica una de las principales dificultades de elegir: la renuncia.

La claridad que tengamos para saber cuál es nuestro objetivo en esa decisión, cuál es nuestro fin y la seguridad para aceptar el costo que tenga nuestra decisión es lo fundamental para tomar buenas decisiones. Si, por el contrario, nuestra personalidad es más bien insegura y nunca queremos renunciar a algo probablemente tomar decisiones será una tarea muy difícil.

La capacidad de tomar decisiones es algo que se va construyendo junto con la personalidad. El niño va aprendiendo poco a poco a reconocer lo que quiere y aceptando los costos que tiene esa elección. En los primeros años las elecciones que toma un niño son solamente emocionales, él elige impulsado por el deseo, no hay otras variables que tome en cuenta, ni tiene más consideraciones que hacer. El deseo es el único argumento que tiene un niño para elegir algo y no otra cosa. Los padres poco a poco van incorporando el razonamiento como eje en la toma de decisiones, y ahí aparece la consideración de las consecuencias que tendrá mi elección como una arista fundamental en el crecimiento. Tomar decisiones significa hacer uso de la propia libertad y conlleva inevitablemente la responsabilidad.

Esa es una de las características fundamentales de ser adulto: hacerse responsable por las decisiones. Si este aprendizaje no se logra nos encontramos con adultos inmaduros que evitan tomar decisiones y siempre están esperando que otros decidan por ellos, o por el contrario, los eternos adolescentes que les encanta tomar decisiones pero después no se hacen cargo de las consecuencias.

Cuidado con caer en las trampas

Existen algunas trampas o ideas irracionales que aprendemos de niños y vamos incorporando a nuestro sistema cognitivo. Van quedando guardadas en nuestro inconsciente y desde ahí afectan nuestra conducta. Una de ellas es la idea que frente a las decisiones hay una respuesta correcta y las demás están equivocadas. Esto generalmente ocurre en personalidades que analizan todas las opciones cuidadosamente y sopesan lo bueno y lo malo de cada una de ellas, enfrentado la toma de decisiones como una prueba de selección múltiple.

En estos casos la toma de decisiones se transforma en algo muy difícil, ya que pocas veces esta premisa es real. Esto porque generalmente las distintas opciones tienen distintos costos y distintos beneficios, pero a veces hay más de una opción válida dependiendo de mis gustos, prioridades, valores, etc. Imaginemos un joven que está eligiendo qué va a estudiar en la universidad. Es muy común que los padres deseen que estudie una carrera y el hijo otra y probablemente ambos pueden tener algo de razón desde argumentos distintos. El punto es que es el hijo el que tiene que tomar la decisión porque finalmente él asumirá las consecuencias de la decisión tomada. Si creemos que hay una opción correcta y las otras son un error entonces necesariamente los padres o bien el hijo están equivocados. Esto genera en la persona la angustia de no equivocarse y descubrir “la verdad”, siendo eso imposible ya que no existe realmente una alternativa correcta.

Otra trampa que frecuentemente encontramos son las dudas que se nos presentan frente a una decisión. Cuando tenemos que hacer una elección siempre debemos cuestionarnos por distintos aspectos de la situación y obtener la mayor cantidad de información posible. Siempre una decisión informada será mejor que tomar una decisión disponiendo de poca información. Estas dudas nos aportan en el proceso de toma de decisiones y hacernos las preguntas adecuadas es sumamente importante para elegir el buen camino. Sin embargo, hay personas que mantienen las dudas como una forma de evitar tomar decisiones y, por lo tanto, se cuestionan una y otra vez las mismas preguntas, muchas veces sin respuesta. En este caso las dudas no están al servicio de tomar buenas decisiones, sino que están al servicio de paralizar la acción. Las decisiones requieren asumir un grado de ambigüedad, y cuando las personas tienen baja tolerancia a equivocarse generalmente dilatan las decisiones hasta que ya no pueden aplazarlo más, o hasta que pierden la opción alternativa. Éstas son las falsas dudas que sólo le permiten a la persona excusarse de no tomar la decisión.

En el otro extremo encontramos a las personas impulsivas que sin pensar las cosas, ni evaluar los pro y los contra toman decisiones que después deben afrontar. Aquí lo que ocurre es un proceso similar al de los niños, en que la persona se mueve principalmente por el deseo sin incorporar un análisis de argumentos racionales. Si esto ocurre en todos los ámbitos de su vida nos encontramos con individuos que siempre se están metiendo en problemas. Pero si esta forma de tomar decisiones está restringida a cosas pequeñas, sin consecuencias importantes, probablemente estemos frente a un gozador y no a un irresponsable.

Por último, debemos tener presente como padres que es muy importante en la formación de la seguridad de un niño y su capacidad de tomar decisiones el mantener una actitud en que se respete y se permita al niño contactarse con su deseo, para que él aprenda a distinguir lo que quiere sin confundirse con el deseo de los demás. A la vez, se debe ser firme en el respeto de las normas y la aceptación de las consecuencias de sus decisiones. Si se le sobreprotege este aprendizaje será mucho más difícil. Por esto las normas claras y firmes, donde se permite un ámbito de libertad paulatino donde el niño puede ir tomando decisiones de creciente responsabilidad, le permitirán aprender a asumir los costos de las decisiones tomadas y se irá formando una personalidad segura y coherente.

 

 

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