El amigo imaginario de mi hijo

Por: Mónica Bulnes.

Ser padres implica estar atento al desarrollo y crianza de nuestros hijos. Una experiencia bastante común es que el hijo comente que tiene un amigo imaginario.

Los amigos imaginarios son una parte necesaria del buen desarrollo de los niños. Con ellos practican sus habilidades verbales, fortalecen la confianza en sí mismos y juegan con escenarios que les ayudan a entender el mundo en que viven.

Algunas investigaciones han encontrado que si los padres hacen muchas preguntas sobre el amigo imaginario o, peor aún, intentan interactuar con el personaje y su hijo, el amigo desaparece tan “mágicamente” como llegó.

Beneficios de tener un amigo imaginario

1-Fortalece el carácter:

Al ayudar a tu hijo a incrementar su confianza en sí mismo, será capaz de sentir que puede manejar situaciones difíciles. Por ejemplo, enfrentarse a algún compañero que quiera hacerle bullying.

2-Otorga control:

Es uno de los aspectos que más se disfruta del amigo imaginario, ya que los niños saben que los adultos son quienes dirigen su vida (por lo menos hasta bien entrada la adolescencia). Y esta relación es la única que tienen en la que su amigo debe hacer exactamente lo que el niño le indique a la hora de jugar con él. Tu hijo tiene la oportunidad de ser el más rápido, el que ganó el juego, el más inteligente, etc.

3-Reduce el aburrimiento:

Los estudios han mostrado que los niños que tienen un amigo imaginario se reportan aburridos con menos frecuencia, ya que siempre tienen con quién jugar.

4-Es un vehículo de comunicación:

Ante momentos difíciles, el “amigo” puede ser quien confiesa una falta o menciona un tema importante. Por ejemplo: “Mamá, Joaquín se asusta cuando tú te enojas”. Esto facilita conversaciones que mejoran la relación con tu hijo.

5-No tiene relación con la timidez:

Numerosas investigaciones han encontrado que los niños con amigos imaginarios son menos tímidos y suelen ser más populares.

6-Apoyo en momentos difíciles:

Los amigos imaginarios acompañan y “consuelan” a tu hijo si está triste por cualquier razón (reto, nuevo hermanito, enfermedad). Es frecuente, por ejemplo, que un niño que se ha mudado o ha perdido a un ser querido explique que su “amigo” también ha sufrido algo parecido. De esta manera, puede sentirse comprendido y que está compartiendo la pena.

El compañero imaginario no tiene que ser necesariamente otra persona “como él”. Puede ser un animal (“su nueva mascota”), un hada o cualquier otro personaje que su imaginación haya creado para su sano desarrollo.

Mónica Bulnes, sicóloga. Creadora del portal www.preguntaleamonica.com. Especialista en relaciones familiares y personales. Escritora y conferencista internacional.

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