3 creencias que dañan la crianza de tu hijo

Es frecuente ver a niños que ponen a prueba constantemente los sentimientos de sus padres y los manipulan porque se lo permiten. Veamos a continuación 3 creencias capaces de dañar la crianza de tu hijo.

Primera creencia

Un día se nos dijo que los niños tenían que ser criados de manera “diferente”. Que era importante negociar y lograr acuerdos. Fue el día en que los niños dejaron de ser niños y se transformaron en “adultos” y los adultos dejamos de ser “adultos” para transformarnos en amigos de nuestros hijos. Fue el día en el que surgieron nuestros miedos, dudas, angustias y perdimos la confianza en nosotros como padres y por ende en nuestros hijos.

Segunda creencia

Con tanta tecnología, con tantos avances científicos, con tantas teorías y estudios, los niños crecerían más sanos y serían más felices. Sin embargo, vivimos con más trastornos y enfermedades que nunca y además nos han hecho creer que no hay nada que hacer, pues los niños son diferentes y requieren una forma distinta de crianza. Aunque eso suponga que la calidad de vida se haya deteriorado, que los padres estén estresados por esta realidad y que, a ratos, se desesperen cuando están en la casa…

Tercera creencia

Hemos recuperado la importancia fundamental de los derechos de los niños, pero en vez de vivir un equilibrio, nos hemos ido al otro extremo y hemos olvidado que los derechos no se sostienen si no van de la mano con los deberes. Sin deberes, los derechos pierden sus límites y surge la confusión, la desesperanza y el estrés, porque no logramos lo que queremos. Es decir, estrés, enfermedad y mala calidad de vida.

Las consecuencias

El resultado de estas creencias es un niño o niña mamón/a o papón/a que cree que lo sabe todo y que nada le resulta como quiere; que se siente poco comprendido e infeliz; y todo ello, a pesar de los esfuerzos que han hecho sus padres. Niños o niñas que ponen a prueba constantemente los sentimientos de sus padres y los manipulan porque se lo permiten: “mi papá me compró esto, ¿qué me vas comprar tú?”; o “mi mamá no me trata así, ella me quiere. Me deja hacer lo que yo quiero, porque me quiere”.

Aunque lo haga mal, los padres siempre le alabarán lo bien que lee, lo bien que toca música, incluso lo bien que corre, aunque haya terminado último en la carrera. Nunca hablarán sobre aquello que hizo mal por temor a dañar su autoestima o traumatizarlo y, por tanto, no le mostrarán el camino para mejorar. ¿Y qué sucederá cuando no apruebe el examen de lectura o no lo seleccionen para el concierto ni para el equipo de atletismo del colegio?

Sobreprotección

Los padres se transformaron en amigos y sobreprotectores de los niños, lo que ha provocado que la crianza esté en crisis, que nos sintamos perdidos y no sepamos cómo criar ni educar a nuestros niños. Y contrario a lo que buscábamos, ni los adultos ni los niños somos felices. Nadie quiere criar a un mamón, pero eso es lo que estamos consiguiendo.

Quizás, una de las consecuencias más graves de esta sobreprotección es que los niños se sienten poco capaces y son excesivamente críticos consigo mismos y los demás. Dudan de sí mismos, de sus propias capacidades y de ser aceptados por otros. Sienten que el resto no cree ni confía en ellos. Necesitan la aprobación de los demás y como no tienen confianza en sí mismos, sienten que su opinión no es válida y que no los toman en serio. Siempre se ríen de los demás, pero no quieren que hagan lo mismo con ellos. Padres: ¡es hora de reflexionar sobre este asunto!

 

Por: Sylvia Langford, psicóloga experta en desarrollo de la voluntad. www.flowing.cl

 

 

 

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *