¡Cómo desterrar los gritos en la familia!

Por: Mónica Bulnes.

¡¿Por qué esperan a que les grite para obedecer?! Esta frase se repite en muchos hogares y gran número de papás se identifican con ella… ¿Por qué los niños no aprenden “a la primera”? ¿Por qué esperar a que los papás se enojen para hacer lo que se les indica?

Curiosamente, cuando converso con padres de familia parecen sentir que es en los niños donde se centra el problema de los gritos en casa. En ese momento tengo que darles la mala noticia: los padres son los responsables de estos malos hábitos.

Cuando un hijo no es capaz de seguir las reglas básicas de funcionamiento de la familia, es muy probable que será objeto de constantes reprimendas de sus padres que, frustrados por lo que sucede, elevarán el volumen de su voz y sus métodos educativos se irán haciendo cada vez más agresivos, pudiendo llegar a la franca violencia.

No funcionan

Obviamente, toda persona es digna de respeto y buen trato, sin importar su edad o condición, por lo que el maltrato está fuera de lugar en cualquier circunstancia. Es evidente que esto debería ser más claro al tratarse de nuestros seres queridos; sin embargo, no siempre ocurre. Además —algo fundamental— los gritos, jaloneos, palabras hirientes, golpes, etc., ¡NO FUNCIONAN! Detienen la conducta por un momento, pero vuelve a presentarse más adelante y, peor aún, agravándose cada vez más, ya que los hijos de papás gritones y agresivos tienden más a la violencia. En el fondo, se crian hijos:

  • Gritones y agresivos
  • Con un menor desempeño académico y mayores reportes negativos de conducta en el colegio
  • Que hacen bullying o son víctimas de bullying
  • Con mayor probabilidad de que exista violencia intrafamiliar en su vida adulta
  • Con mayor probabilidad de que esté involucrado en un delito

Plan para cambiar las cosas

Entonces, lo primero a establecer es que tú —como padre de familia— eres perfectamente capaz de educar a tus hijos a que respondan sin necesidad de llegar a los gritos. Lo segundo a aclarar es que —después de mucho tiempo de tener un estilo de crianza— es difícil “romper” hábitos muy establecidos, por lo que te tomará algún tiempo el dejar de gritar y lograr que los hijos respondan adecuadamente a tus indicaciones. Sé paciente y sé persistente. Si haces lo que a continuación te voy a sugerir consistentemente, te puedo asegurar que notarás cambios casi inmediatos y la situación empezará a mejorar antes de cumplir el mes. Así de efectiva es tu activa participación en esta sencilla estrategia. ¡Aprovéchala!

1-NO TE AGOTES:

Tú y yo sabemos que hay muchas cosas que puedes dejar de hacer de tal manera que tu horario de actividades sea un poco más relajado. Tu familia, pero principalmente tú, se merecen tener una mamá o un papá más tranquilo, menos apurado y con mejor humor. Anota todas tus responsabilidades, analiza tu agenda y reorganiza tu vida. Se puede.

2-IDENTIFICA TUS “MOMENTOS”:

Observa si es en un momento específico del día en que estás menos paciente y más “gritón”; analiza si es en algún día de la semana en particular. Identifica cuáles son las condiciones que hacen que pierdas más la paciencia y te exasperes más. Conociendo las circunstancias en que una situación sucede, podemos prevenir perder el control y mejorar nuestro estado de ánimo en general.

3-“ADMINISTRA” MEJOR LOS PRIVILEGIOS DE TUS HIJOS:

Sabes lo que más les gusta hacer. Conoces sus juguetes favoritos y a qué amigos prefieren invitar. Un niño se portará mejor si sabe con certeza que se le quitará uno o más de estos privilegios si no cumple con lo que sus padres le pidieron. No obedece, pierde la posibilidad de hacer lo que quiere. ¿Hace una pataleta o se tarda más de lo adecuado para obedecer? Pierde un privilegio más.

Asegúrate de que el incremento del castigo sea lo suficientemente “doloroso” para tu hijo, que no le queden ganas de intentar ignorarte. Indícale que él (tu hijo) puede hacer lo que quiera: televisión, juguetes, invitaciones de amistades, etc., siempre y cuando cumpla con lo que se le indica. Él puede tener la vida que desea. Ya sabe qué tiene que hacer para lograrlo. La responsabilidad es suya, no tuya. Él manda. Díselo así. ¿Recuerdas que en varias ocasiones te he mencionado mi estrategia educativa del “¡Tú mandas, hijo!”? En esto consiste.

4-TRABAJA EN TU CRECIMIENTO PERSONAL:

He mencionado la culpa, la inseguridad, la baja autoestima con anterioridad, clasificándolos como los peores fundamentos sobre los cuales educar a los niños. Si sufres de cualquiera de estas condiciones, esfuérzate por mejorarlas. Que no se quede en intención este buen propósito. Haz una lista de acciones concretas que te ayudarán a disminuir cualquiera de estas debilidades. Si es necesario, busca ayuda especializada (sicólogo, terapeuta familiar).

5-INVOLUCRA A TUS HIJOS:

Cuando les pedimos su opinión y utilizamos algunas de sus ideas para que la casa funcione mejor se motivan, ayudan más y tratan activamente de lograr que sus propuestas consigan las metas.

 

Mónica Bulnes, sicóloga. Creadora del portal www.preguntaleamonica.com. Especialista en relaciones familiares y personales. Escritora y conferencista internacional.

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