¿Qué es la crianza slow?

Después de dos libros (“El poder de lo lento: Encontrando equilibrio y satisfacción más allá del culto de la velocidad” y “Bajo presión: Rescatando a nuestros niños de la Cultura de la Hiper-crianza”, de Carl Honoré) se inició el movimiento de la “Crianza Lenta” o “Slow parenting”.

Sus principios son interesantes, porque resaltan aspectos de lo que sucede en muchas casas el día de hoy. Por ejemplo, aceleramos a los hijos con diferentes actividades extraacadémicas, pero les frenamos conductas que pueden promover su independencia (sentarnos a hacer la tarea con ellos hasta que están en… ¡primero medio!).

Por supuesto, en este contexto, “lento” no se refiere a hacer las cosas en cámara lenta. Este tipo de crianza considera que hay que hacer las cosas a la velocidad adecuada. Implica calidad, más que cantidad. Le da prioridad a las relaciones familiares, estando verdaderamente presente en los momentos importantes.

La “Crianza Lenta” o “Crianza Slow” busca lograr un balance adecuado en la vida familiar, desafiando a los hijos a crecer y esforzarse, pero permitiéndoles hacerlo a su manera, en el tiempo que cada uno considere adecuado. Las familias que siguen este movimiento mantienen una agenda con espacios libres, para que haya oportunidad de relajarse, descansar, reflexionar y convivir. Consideran que esforzarse exageradamente para darles lo mejor a los hijos no siempre es la mejor idea, pues cada hijo debería descubrir quién es y no lo que sus padres desean que sea. Creo que uno de los puntos más valiosos e importantes de esta filosofía es la de afirmar que un hijo no es un proyecto que los padres deben construir. Es un camino en el que el niño va descubriendo paulatinamente quién es, acompañado y ayudado por sus padres en este proceso.

A continuación te ofrezco una lista de algunas ideas para aplicar en casa, de acuerdo a la filosofía de la “Crianza Lenta”:

1-Haz menos

Converso frecuentemente con padres de familia y me doy cuenta que la gran mayoría de ellos no paran en todo el día: trabajo, casa, niños… Las diferentes actividades llenan su agenda los siete días de la semana, por lo que parece no haber un minuto de descanso. Todo esto se traduce en un agobio y desgaste que muchas veces los hace impacientes y poco tolerantes con los hijos y la pareja. ¡No hay actividad que valga la pena este daño en tus relaciones! Si crees que tu ritmo de vida está dañando a tu familia, empieza a quitar actividades de tu lista de pendientes y ¡disfruta de la diferencia!

2-Simplifica tus vacaciones o feriados

Planea paseos o viajes más cerca de casa, especialmente si los niños son pequeños. No necesitas ir hasta el otro lado del mundo o a un lugar exótico para vivir una aventura. ¡La puedes encontrar a la vuelta de la esquina! Y si dejas espacios abiertos durante los días que estarás fuera, sin tours o actividades planificadas, podrán improvisar cosas distintas de acuerdo a lo que le resulte atractivo a toda la familia.

3-Sé consciente de tu velocidad

Generalmente aprendemos algo de nosotros mismos cuando ponemos atención en nuestra conducta. ¡Y muchas veces nos sorprende lo que encontramos! Anotar todo lo que haces, quitar de tu agenda lo que puedes hacer después (o dejar de hacer… ¿por qué no?), vigilar la manera en que estás interactuando con los demás, te permitirá ir conociendo tu manera de enfrentar la vida: ¿a 1.000 por hora o con calma y tranquilidad?

4-Todos tenemos 1o minutos al día:

¡Por lo menos! Si una persona dice que no tiene tiempo para nada, que está ocupadísima y no puede relajarse, parece darle un aire de importancia. Nada podría estar más equivocado. No permitirte un momento de relajamiento —un respiro que alivie las carreras del día— es una grave falta de respeto a ti mismo, al cuidado físico y emocional que necesitas y mereces. Además, dejas de mostrarles a tus hijos la importancia del auto-cuidado y de enseñarles a esperar cuando su mamá o papá no puedan atender algo inmediatamente porque están descansando por un momento. Y finalmente es una gran mentira. Así es: mentira. Todos tenemos unos minutos para tomarnos una agradable taza de café o té mientras lees tu libro favorito, por ejemplo. Piensa qué es lo que más te relaja y encuentra el momento de practicarlo.

5-Disminuye la velocidad en la crianza:

La “Crianza Lenta” (“Slow parenting”) no sólo se refiere la cantidad de cosas que tienes que hacer durante el día. Los 4 puntos anteriores permiten preparar el estado físico y mental que esta filosofía propone. Para ir obteniendo los beneficios de este tipo de formación familiar, es importante aprender a vivir el aquí y el ahora. Si aprendes a apreciar el momento, sin pensar en lo que no alcanzaste a hacer o lo que te falta por completar antes de que acabe el día, podrás —poco a poco— darle a cada hijo su propio tiempo. No los apresurarás a cumplir con tus horarios, sino que sabrás que las cosas suceden en el momento adecuado y que presionar porque sucedan trae resultados contraproducentes.

Una de las fortalezas más grandes de este movimiento es que promueve la auténtica aceptación de los hijos, cada uno con sus características individuales que los distinguen. Sin presiones para ser lo que los papás tienen planeado para ellos, sabiéndose amados por quienes son, los pequeños florecen a su propio ritmo y momento, llegando a la vida adulta con mayor confianza en sí mismos, una firme autoestima y un carácter que les permite construirse una vida feliz y trascendente… ¿no es eso lo que todos deseamos para nuestros niños?

 

Por: Mónica Bulnes de Lara, sicóloga. www.preguntaleamonica.cl

 

 

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