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Hasta dónde deben llegar los límites en la adolescencia

Una de las características que hacen difícil la adolescencia es el establecimiento de límites. Por un lado están los papás intentando mantener una estructura que le permita al hijo crecer en responsabilidad y autocontrol. Por otro lado está el joven tratando de hacer lo que quiere, como quiere y cuando quiere.

Estas diferencias son normales y esperadas. Pero es fundamental que sucedan sin que haya discusiones tan graves que dañen permanentemente la relación.

Las ideas expuestas a continuación tienen la intención de permitirte, como padre de familia, cumplir con tu deber formativo. Al mismo tiempo buscan conservar un ambiente armónico en la familia mientras nuestras hijos cruzan la adolescencia.

Prevención, la mejor política

Si desde la primera infancia de tus hijos estableciste una estrategia disciplinaria basada en la “cariñosa firmeza”, en donde los límites son pocos, claros, consistentemente establecidos y entregados con amabilidad y empatía, el manejo de la adolescencia se facilitará de manera importante. Está demostrado que con esta metodología hay menos rebeldía y una mayor disposición a colaborar, a pesar de la tendencia a la desobediencia que ocurre en esta etapa.

Momento de definiciones

En la adolescencia lo primero es definir los límites negociables y los no negociables para ustedes: los papás. ¿Cuáles crees que sean los mayores peligros formativos para tu hijo? Estas son las áreas donde debería haber mayor estructura y controles que “sostengan” al adolescente en momentos de debilidad propia de su juventud. Para mí la hora de llegada, por ejemplo, no era negociable. Más horas en un carrete significa más exposición a temas de alto riesgo: alcohol, drogas y sexo. Así que la hora establecida para llegar a la casa (que era un poco más tarde conforme el hijo iba creciendo) era inamovible. Había excepciones conversadas con toda anticipación: invitaciones al matrimonio del familiar de un amigo, la celebración de cumpleaños del mejor amigo o la fiesta de graduación de la educación media.

En contraste, el largo del pelo no era tema. Consideré el asunto como una expresión de individualidad y contraste con la generación anterior, que era necesario que el adolescente tuviera la oportunidad de ejercer. Así viera a mi hijo despeinado y con el pelo más largo de lo que yo hubiera querido que lo tuviera, guardaba silencio. El joven decidía la frecuencia de las “peluqueadas” y esta sensación de control sobre su vida y poder en la toma de decisiones, le hacía cortarse el pelo con más frecuencia y menos discusión que si yo hubiera estado atrás de él, molestándolo con su aspecto.

Así que elige tus batallas. Si vas a discutir sobre algo, asegúrate que valdrá la pena; que es un tema fundamental para la formación del adolescente. Elige también lo que vas a “conceder”, para darle al joven espacio de autonomía e independencia, tan importante en esta etapa.

No te vayas al extremo

Deben ser pocos límites. Tanto los negociables como los no negociables. Si consideramos la famosa frase de “rayado de cancha” —que describe muy bien este tema— tenemos que recordar que una cancha es limitada por 4 rayas, nada más. Una vez que tengas claro cómo quieres manejar un tema y quieras establecer una regla, explícasela DÍAS ANTES de que vaya a ser aplicada, lo que esperas de él y lo que sucederá si no se cumple. Asegúrate que todo esto fue entendido y acordado. Por ejemplo, avísale desde el lunes que la llegada de las fiestas son las X horas, que esperas que te salude al llegar y que esté en buenas condiciones físicas. Aclárale en ese momento que si llega tarde o con aliento alcohólico, no podrá salir el siguiente fin de semana, por ejemplo.

Ahora viene la parte más importante: cumple con lo establecido. Recuérdale cariñosamente la hora de llegada y las condiciones al volver a casa, SIN mencionar el castigo si no cumple lo establecido. Si llega tarde o en condiciones no adecuadas, LA MAÑANA SIGUIENTE avísale que no saldrá el siguiente fin de semana. Se va a enojar. Dirá que no es justo. Dirá que exageras. Intentará negociar contigo. Dile que entiendes su molestia, pero asegúrale que el castigo persiste, pues eso era lo que habían acordado. Una vez que sepa que hablas en serio, tenderá a cumplir las reglas con más frecuencia.

Máxima empatía

Finalmente, todo esto debe entregarse con mucha empatía: “Entiendo que estás molesto por lo que te estoy diciendo. Pero es importante para ti saber que tomar a tu edad es un tema serio de autocuidado y autocontrol y esta es la forma en la que puedo ayudarte a entenderlo. Lo hago porque quiero lo mejor para ti y porque te quiero mucho”. Deja que esté  molesto. Mantente firme. No enganches con sus malas caras o quejas. Está tratando de cansarte y que termines perdonando el castigo. Haz tu mayor esfuerzo por mantener la calma y el buen humor. Lo importante es que estás ayudando a tu hijo a convertirse en un adulto capaz de construirse una buena vida; un destino feliz.

 

Por: Mónica Bulnes, sicóloga. www.preguntaleamonica.com

 

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