Embarazo: ¿tienes problemas con las comidas?

Un número importante de las mujeres presentan durante el embarazo algunas conductas alimentarias especiales, como náuseas, vómitos, gastritis, pirosis o constipación.

A menudo estas dolencias pueden ser tratadas con modificaciones dietarias o ajustes en el estilo de vida. Sin embargo, los casos severos requerirán tratamientos farmacológicos y eventualmente hospitalizaciones.

Silvana Saavedra, coordinadora académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la  Universidad del Pacífico, explica algunos de ellos.

Antojos

Son frecuentes de observar en las embarazadas, quienes privilegian insistentemente ciertos alimentos. No refleja el déficit de algún nutriente específico en la dieta, como se ha sugerido. No hay argumentos para que ellos no sean “complacidos”, en la medida que no afecten la dieta o reemplacen otras comidas más importantes. También son frecuentes las “aversiones” o “rechazos” por determinados alimentos (alcohol, café, carnes, etc.), que no necesariamente son perjudiciales.

Pica

Corresponde a un apetito aberrante por productos tales como tierra, greda, hielo, papel, pasta de diente u otro material que no es alimento habitual. Se asocia al déficit de micronutrientes (hierro y zinc, entre otros), aunque no ha sido adecuadamente demostrado. Puede presentarse también en mujeres con un trastorno mental que afecta la conducta alimentaria. La pica puede determinar malnutrición al desplazar nutrientes esenciales. Muchos de estos comportamientos pueden deberse a costumbres y tradiciones que pasan de madres a hijas.

Náuseas y vómitos

50 a 80% de las mujeres embarazadas experimentan náuseas y vómitos especialmente en el primer trimestre. Dicha condición está muy ligada a cambios hormonales y no tiene causas bien conocidas. La mayoría de las veces no condicionan una patología propiamente tal, aunque generan preocupación y ansiedad en la paciente y su entorno familiar y, por lo tanto, requerirán un abordaje más bien educativo y tranquilizador. Estados más severos, como la hiperémesis gravídica, presentan riesgos de deshidratación, desequilibrios electrolíticos, alteraciones metabólicas y pérdida de peso. El tratamiento de esta dolencia a menudo requiere hospitalización e intervenciones como hidratación parenteral, medicamentos antieméticos y excepcionalmente nutrición parenteral total.

Gastritis, reflujo gastroesofágico y pirosis

30 a 50% de las mujeres embarazadas experimentan estos síntomas determinados por efectos hormonales que disminuyen el vaciamiento gástrico y la presión del esfínter gastroesofágico. En el tercer trimestre el tamaño del útero y el desplazamiento del estómago hacen reaparecer o agravan estos síntomas. La “acidez” es un problema serio sólo si desalienta el comer. El alivio a menudo se obtiene a través de simples cambios dietarios o de estilo de vida.

Constipación

Está ligada a cambios fisiológicos asociados con el embarazo y a patrones de alimentación bajos en fibra y agua. Los cambios hormonales tienden a una relajación del tracto gastrointestinal, disminuyendo la motilidad y aumentando el tiempo de tránsito de los desechos alimentarios en el colon. Los altos niveles de progesterona promueven un aumento de la absorción de agua desde el colon agravando la condición. En el tercer trimestre la compresión uterina contribuye a la constipación al presionar el colon, desplazar el resto del intestino y alterar el patrón de movimientos propios del tubo digestivo. Si asociamos a estos cambios una disminución de la actividad física (agravada por indicaciones de reposo en cama en ciertas patologías) y el uso de suplementos de hierro (proconstipante), no es raro que las cifras de este trastorno sean aún más altas en la práctica diaria.

 

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