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Niños en la casa: el mejor cuidado y estímulo

Los aprendizajes deben estar orientados hacia las distintas áreas del desarrollo: afectiva, cognitiva y motora.

La creciente incorporación de la mujer al mundo del trabajo “fuera del hogar” -valga la aclaración porque no hay trabajo más agotador que el doméstico- ha significado que los niños pequeños quedan al cuidado de familiares o de una nana. Esto en caso que no asistan a una sala cuna o jardín infantil, cuya oferta creciente también está ayudando a satisfacer esta necesidad.

Es primordial que como madres y padres entendamos que en la primera infancia no basta con el cuidado y la protección de los niños, sino que también es importante la estimulación y la educación. Nunca olvidemos que en esta etapa de la vida, tan incipiente, sensible y vulnerable, se están construyendo las estructuras afectivas y cognitivas de la persona.

Hay un concepto errado en los padres que tienden a pensar que la escasa autonomía y ausencia de un repertorio conductual amplio y manifiesto en los niños más pequeños, es sinónimo de pasividad, lo que no es así. Es en esta etapa  donde más pueden aprender y no hay que subestimar las capacidades que poseen y pueden desplegar ante una  experiencia.

Por eso es tan importante que en caso que no asistan a sala cuna o jardín infantil, donde hay profesionales especializados en educación inicial, es posible que los familiares, abuelas, tías o nanas puedan cumplir un rol de protección, cuidado y formación de niños/as a su cargo. Para esto, hay que considerar una serie de orientaciones, sugerencias o condiciones para optimizar sus experiencias de aprendizaje en el hogar y  por tanto, su normal desarrollo.

Cambios de recursos didácticos o materiales de juego

Los materiales se saturan, pierden su atractivo y ya no representan un desafío cognitivo para el niño y la niña, no constituyen una nueva información para el cerebro y por tanto no existe una actividad mental significativa.

La idea es que el material de juego, entretención o aprendizaje que se utilice sea diferente o si es el mismo, su exploración o función  sea la distinta. No hace falta comprar y comprar materiales, sino más bien utilizar la imaginación para descubrir  y transformar cualquier elemento en un recurso didáctico. Así por ejemplo, los envases de alimentos permiten ser apilados, rasgados, plegados, cuantificados, clasificados, rasgados, amasados, lanzados a una cesta o caja, etc.

Distintos ambientes y experiencias

Los cambios de imágenes y condiciones de espacio, ventilación, luz y temperatura generan un estado de motivación diferente en cada niño/a, recrean su mente y despiertan necesidades distintas. Es así como de manera guiada e intencionada, los pequeños de la casa pueden estar en su dormitorio, en el living, comedor, en el patio, siempre bajo la atenta vigilancia y acompañamiento del adulto.

El mantener a los pequeños en los mismos ambientes, si bien es una necesidad para los lactantes en un comienzo, gradualmente es necesario ampliar su ángulo visual, sus percepciones y perspectivas.

Tampoco es recomendable mantener a los niños sólo en actividades pasivas para mantenerlos tranquilos, sino alternar las experiencias e incorporar tanto la actividad tranquila que ayuda a la concentración y el relajo, como la actividad física que ayuda al ejercicio motor y desgaste de energía. Los aprendizajes deben estar orientados hacia las distintas áreas del desarrollo: afectiva, cognitiva y motora. Por ejemplo, si están en el patio o jardín pueden recoger piedrecillas, hojas, ramitas y luego observarlas, manipularlas y sentirlas al tacto; diferenciar, comparar, seriar por tamaño o color; clasificar por texturas, formas, grado de humedad, etc.; distribuirlas en el suelo como puntos de referencia y saltar sobre los elementos sin pisarlos; conversar de lo que sienten, de lo que les interesa, de lo que les cuesta, de lo que piensan y conocen para enriquecer su experiencia.

Siempre en actividad

Los niños y niñas son personas activas mental y físicamente. Desde muy pequeños desarrollan el impulso a la actividad y el placer de la función en ejercicio, es decir, quieren explorar con todos sus sentidos, ponen a prueba sus capacidades y repiten lo aprendido. Esto se transforma en la estructura previa para futuros aprendizajes. La permanencia del niño o la niña en cualquier ambiente, debe pensarse intencionando algún tipo de actividad mental o física guiada por el adulto, el no reconocimiento de esta necesidad los lleva al aburrimiento y la irritabilidad. Déle oportunidades de explorar, experimentar y poner a prueba sus capacidades, pero no con cualquier elemento, sino con aquellos que usted ha seleccionado para la experiencia de acuerdo a la individualidad de cada uno, es decir, intereses, potencialidades, preferencias, ritmo y estilo de aprender.

La sobre estimulación o excitación puede generar comportamientos impulsivos. Los aprendizajes de los niños y niñas no dependen de la cantidad de estímulos, sino de la selección, organización y focalización de ellos, es decir, no es necesario exponerlos a un cúmulo de elementos o experiencias para que aprendan y pasar de un material a otro o de una experiencia a otra rápidamente, el niño/a requiere de un tiempo “no apurado”, no importa la cantidad sino la calidad de las interacciones que establezca con el objeto. A veces basta un solo material para que los pequeños aprendan algo nuevo. Hay que focalizar la atención, que mire bien, que comprenda en profundidad, que realice la acción requerida, que se dé cuenta de lo que hizo y cómo lo hizo, del resultado de sus acciones.

En este sentido, es necesario terminar un proceso o cerrar una actividad para recién pasar a otra. Que aprenda a sentir el orden y la organización de una actividad y el inicio y término de ésta. La duración de cada experiencia depende del interés de los pequeños.

Lo último y más importante: el bienestar

No hay que olvidar el estar pendiente de las necesidades de sueño, hambre, frío, calor, sed, cansancio u otra que presente el niño/a. El cuidado y protección son siempre responsabilidad de un adulto. Y ese adulto debe ser alguien de confianza al cual supervises constantemente y, por sobre todo, debes observar al pequeño para ver si efectivamente está desarrollándose feliz y plenamente.

 

Por: Junji. 

 

 

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