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¿Por qué no me embarazo?

Desde el punto de vista biológico la edad óptima para concebir un hijo es entre los 20-32 años. Esto tiene que ver con que la mujer nace con un número limitado de óvulos, los que se gastan en forma progresiva a lo largo de la vida.

En 2009 la OMS, junto con un conglomerado de organizaciones internacionales, reconoció a la infertilidad como “una enfermedad del sistema reproductivo definida como la incapacidad de lograr un embarazo clínico después de 12 meses o más de relaciones sexuales no protegidas”. Esta decisión se basó en los múltiples efectos en las personas que la padecen, así como en su núcleo familiar. Estudios sicosociales demuestran que el estrés y la angustia generada por la infertilidad es solo comparable a vivir con cáncer o sida. Para muchos, la infertilidad genera un estigma que produce aislamiento, desesperanza y fractura en las relaciones de pareja.

A simple vista pareciera existir cierta contradicción entre los efectos que provoca la infertilidad y la voluntaria postergación de la maternidad que vemos hoy en día. A diferencia de una o dos generaciones antes, algunas parejas han decidido llevar una vida en común sin hijos o bien postergar su llegada en pos del desarrollo personal o laboral. El problema es que cuando deciden ser padres, muchas veces ya es tarde y deben recurrir a tratamientos especiales que, gracias a los avances de la medicina, se han perfeccionado de manera importante.

Sonríe Mamá conversó con el especialista en fertilidad y ginecólogo Dr. Aníbal Scarella, de Clínica Monteblanco, para conocer cuáles son las técnicas más aplicadas en Chile y lo más novedoso a nivel mundial, entre otras cosas.

¿Cuáles son los tratamientos que más se aplican en Chile para lograr un embarazo?

El manejo de las parejas infértiles debe equilibrar la eficacia, costo, seguridad y riesgos de cada una de las alternativas de tratamiento. El enfoque debe ser individualizado para cada pareja, sin embargo, un enfoque común es comenzar con tratamientos personalizados que consumen pocos recursos (por ejemplo, cambios en el estilo de vida, regularizar la frecuencia coital). En caso que no haya respuesta o bien el diagnóstico requiera de un tratamiento específico, las parejas deben ser manejadas según un abanico de opciones que se clasifican en tratamientos de baja y alta complejidad.

Las técnicas de baja complejidad (BC) comprenden el coito dirigido y la inseminación intrauterina. Estas últimas pueden o no complementarse con estimulación de la ovulación.

Las técnicas de alta complejidad (AC) comprenden aquellas en que se realiza la manipulación in-vitro de los gametos masculino y femenino o de los embriones. En general, las técnicas más comúnmente aplicadas son la fertilización in vitro (FIV) y la inyección intracitoplasmática de espermios (ICSI). En ambas técnicas los ovarios son artificialmente estimulados para obtener la maduración de uno o más ovocitos que posteriormente son aspirados bajo anestesia. Estos son fertilizados con los espermios en forma artificial en el laboratorio, tras lo cual uno o más embriones se transfieren a la cavidad uterina.

¿Qué es lo más nuevo hoy en día para combatir la infertilidad?

Los avances en medicina reproductiva son diversos y numerosos. Sin embargo, el área del desarrollo genético ha sido notable en los últimos años, permitiendo seleccionar embriones sin defectos cromosómicos para ser transferidos. En esta línea se han descubierto enfermedades asociadas a un organelo (parte de la célula) llamada mitocondria, que es sujeto a mutaciones en su ADN. Avances científicos se están desarrollando para utilizar el ADN mitocondrial de una donante, sumado a los gametos de los progenitores, lo que conformaría un hijo con información genética de tres padres.

¿Cuáles son las razones que influyen en la infertilidad actual de las chilenas?

La OMS estima que un 8-10% de las parejas experimenta alguna forma de infertilidad, la que se distribuye según causas en 30-40% factor femenino, 10-30% factor masculino, 15-30% mixta y un 10% de causa desconocida. Esta realidad podría cambiar en las próximas décadas llegando a cifras tan extremas como una de cada tres parejas. Algunos de los principales fenómenos que están contribuyendo a este fenómeno son:

  • Postergación de la maternidad: Las posibilidades de concebir son inversamente proporcionales a la edad de la mujer. La fertilidad declina en forma progresiva a partir de los 35 años. La postergación de la maternidad es un fenómeno cada vez más frecuente Chile y en el mundo. El acceso a una mejor educación, el desarrollo laboral y profesional, junto con el advenimiento del control de la natalidad como un derecho reproductivo, se ha traducido en esta postergación. Por ejemplo, datos del INE señalan que del total de nacimientos en 1990 un 10,02% correspondió a mujeres mayores de 35 años, mientras que el 2003 fue de 16,25%.
  • Infecciones de transmisión sexual (ITS): Tienen un alto impacto en la salud reproductiva de quienes las presentan. Esto es especialmente válido en la mujer, ya que la mayoría de las ITS cursan en forma asintomática afectando el transporte tubario de gametos y embriones por el tracto reproductivo. En los últimos 10 años, Estados Unidos ha presentado un incremento significativo en el número de ITS detectadas. Aunque en Chile no existen reportes oficiales, no debiéramos estar ajenos a esta tendencia ascendente.
  • Obesidad: La obesidad es un problema de salud creciente asociado a comorbilidad e incremento en la mortalidad. A pesar de que muchas mujeres obesas conservan la capacidad de concebir, se ha determinado que el incremento patológico de grasa corporal repercute en diversos aspectos del aparato reproductivo femenino. Las mujeres obesas presentan alteraciones en el eje hipotálamo-hipófisis-ovario, donde la hiperinsulinemia, el aumento de andrógenos y recientemente de adipoquinas juegan un rol fundamental. Aunque los mecanismos mediante los cuales la obesidad afecta la reproducción en mujeres han sido solo en parte comprendidos, la evidencia indica que interfiere en la maduración y calidad del ovocito, en el desarrollo y la receptividad endometrial, así como también en la pérdida reproductiva temprana repercutiendo tanto en pacientes que buscan embarazo en forma espontánea, como en aquellas que son sometidas a algún tratamiento de reproducción asistida.
  • Otros: Factores como el tabaquismo, alteraciones metabólicas, estrés y contaminación ambiental, entre otros, también tienen implicancias en el incremento del número de parejas infértiles.

Cabe destacar que en virtud de su prevalencia e implicancias en la salud de las personas, la OMS la reconoció como una enfermedad dejando de ser un simple “problema” o “dificultad”. En virtud de ello, los sistemas de salud públicos y privados debiesen darle una respuesta satisfactoria a los pacientes que la presentan.

¿Cuál es la edad ideal para ser madre y por qué?

Desde el punto de vista biológico, la edad óptima para concebir es entre los 20-32 años. Esto tiene que ver con que la mujer nace con un número limitado de óvulos, los que se gastan en forma progresiva a lo largo de la vida. El resultado de esta pérdida folicular se traduce en que en la década de los ‘30 y sobre todo en la de los ‘40, la mujer tiene cada vez menos cantidad y calidad de óvulos. La traducción clínica es que las parejas tienen menos embarazos, más abortos y mayor riesgo de síndrome de Down.

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