Vómitos en el niño: ¿qué hacer?

El vómito es un síntoma muy frecuente en la infancia, especialmente en los niños más pequeños. Se produce por múltiples causas: puede ser la exteriorización de un trastorno orgánico, tanto agudo como crónico, y también la consecuencia de un conflicto emocional.

Antes de mencionar las distintas causas de  vómitos en los niños, es necesario distinguir los vómitos de las regurgitaciones.

En la regurgitación se produce un ascenso fácil del contenido gástrico a la boca. La regurgitación ocurre sin náuseas previas y generalmente no tiene un significado patológico. Es un síntoma muy frecuente en recién nacidos y lactantes menores, y representa casi siempre un episodio de reflujo gastroesofágico leve.

El vómito supone un mecanismo más complejo. Cuando el niño vomita, el contenido del estómago es expulsado violentamente por la boca, por una contracción brusca de los músculos del abdomen, diafragma y del estómago. Casi siempre está precedido por náuseas. El centro del vómito está en el bulbo raquídeo y se activa por estímulos tóxicos, farmacológicos, dolorosos, sensoriales y emocionales, provenientes de distintas partes del organismo, como cerebro, aparatos gastrointestinal y urinario, peritoneo, etc.

Causas frecuentes de vómitos

  • Vómitos agudos: pueden ser producidos por gastroenteritis, rinofaringitis virales, faringoamigdalitis, infección urinaria, meningitis, apendicitis aguda con o sin peritonitis, invaginación u obstrucción intestinal, intoxicaciones y acidosis diabética.
  • Vómitos crónicos: son producidos con mayor frecuencia por técnica alimentaria inadecuada, vómitos funcionales o habituales, reflujo gastroesofágico, intolerancia a la proteína de leche de vaca, alteraciones metabólicas, hipertensión intracraneana y  lesiones obstructivas del tubo digestivo.
  • Vómitos por mala técnica de alimentación: son relativamente frecuentes en los primeros tres meses de vida. Ocurren con mayor frecuencia si las madres no tienen experiencia o son muy ansiosas. Son episodios intermitentes y ocurren inmediatamente después de la alimentación. Pueden producirse cuando la preparación de las mamaderas no es la adecuada y contiene leche muy concentrada o muy diluida; también cuando el chupete es inadecuado, con un orificio demasiado grande o muy pequeño, o si el niño tiene el pañal muy apretado (que le comprime el abdomen), o cuando se mueve mucho al estar recién alimentado. También puede ocurrir en recién nacidos alimentados al pecho si la madre no tiene suficiente leche, cuando se  amamantan por períodos prolongados y degluten aire en exceso. En todos estos casos los vómitos ceden al corregir la técnica de alimentación.
  • Vómitos funcionales o habituales: pueden presentarse en los primeros meses de vida, pero son más frecuentes entre los 8 meses y los 3 años de edad. En este caso, los vómitos exteriorizan estados de tensión emocional y muchas veces expresan un rechazo ante una determinada actitud materna. Pueden ocurrir, por ejemplo, cuando la madre exige que el niño ingiera más alimento del que el niño desea, cuando se le castiga o cuando no se accede a sus caprichos; en niños mayores pueden exteriorizar el rechazo a asistir al jardín infantil o al colegio. En este caso, los vómitos se presentan casi siempre cuando el niño no quiere separarse de su madre. Para hacer el diagnóstico de vómitos funcionales es muy importante realizar una anamnesis dirigida y detallada. Los vómitos tienden a disminuir cuando el niño se acostumbra a  la separación, aunque a veces puede ser necesario recurrir a un especialista.

Infección viral

¿Qué hacer si un niño que habitualmente no es vomitador empieza una noche a presentar vómitos repetidos? Lo más probable en ese caso es que los vómitos sean producidos por una infección viral leve, y que no vayan a durar más de algunas horas.

Lo primero que debe hacerse es suspender los alimentos sólidos y empezar a darle líquidos (agua, jugos o bebidas sin gas) en volúmenes pequeños, en forma fraccionada, para evitar la deshidratación. Se puede empezar con cucharaditas de estos líquidos, cada 5 o 10 minutos, aumentando las cantidades en forma progresiva según la tolerancia. Una vez que se retengan los líquidos sin que el niño vomite, se pueden ofrecer alimentos de mayor consistencia, como gelatina, galletas de soda o de agua, pan tostado o algunos cereales, antes de volver a una dieta normal.

Mientras el niño se hidrata en esta forma, es necesario observar la aparición de otros síntomas de cuidado, como diarrea severa, ausencia de orina, fiebre alta, somnolencia excesiva, sequedad de la boca, ojos hundidos o respiración profunda. Si ha aparecido alguno de estos síntomas o signos debe llamarse al médico de inmediato.

 

Fuente: Dr. Francisco Larraín, gastroenterólogo infantil. 

 

 

 

 

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