Pilar Sordo: “Somos el país que menos se ríe en América Latina”

Estamos cansados. Vivimos contra el tiempo, en medio de tensiones y estrés, alimentándonos mal, durmiendo poco y atrapados en la tecnología que nos tiene conectados, pero terriblemente incomunicados.

Este cansancio puede convertirse en algo crónico y llevarnos a la enfermedad: jaquecas, crisis de pánico, arritmias, desórdenes hormonales y otros cuadros que afectan a gran parte de la población mundial.

¿Qué dicen todos estos síntomas de lo que sucede en nuestro interior? ¿Cómo están nuestras emociones? ¿Nos hemos preguntado por qué y para qué nos pasa todo aquello?

Partiendo de su experiencia personal, la sicóloga Pilar Sordo lanzó el libro “Oídos Sordos” (Editorial Planeta), porque tal como lo ilustra ese título, por mucho tiempo ella hizo oídos sordos a diversos síntomas que estaban indicando que algo no estaba bien.

Al darse cuenta de la verdad decidió emprender una nueva investigación que nos revela un camino de sanación cuyas claves están en escuchar las señales del cuerpo, reordenar nuestras prioridades y encontrar el silencio necesario para conectarnos con nuestro interior y hacernos las preguntas pertinentes. Un llamado a entender la salud desde las causas –las emociones– y no sólo desde los síntomas, porque las enfermedades, finalmente, nos dicen más del alma que del cuerpo.

Conversamos con Pilar para conocer detalles del libro y de cómo ve ella a esta sociedad chilena donde abundan las dolencias físicas.

¿Cuáles son las causas de que vivamos en una sociedad con tanto estrés?

Creo que hemos ido cambiando el giro hacia la productividad, el exitismo, el hedonismo y hacia la búsqueda de placer permanente. Nos partimos el lomo trabajando para tener cada vez más cosas, saliéndonos de nosotros mismos. Esto último es precisamente lo que fundamenta la investigación de “Oídos Sordos”, el hecho de que nos hemos ido desconectando de nuestro cuerpo. Esta sociedad estresada hace que no estemos en un estado de salud muy plena.

Da la sensación que todos andan mal genio, irritables, prepotentes, amargados. ¿Es algo interior o algo ambiental?

Esto tiene que ver con el hecho de no estar concentrados en nosotros, con el intentar controlar cosas que a veces no se pueden cambiar, cambiar las expectativas de las cosas y estar con la sensación permanente de que hay que trabajar mucho para tener éxito y que otros lo vean. Aunque particularmente en Chile no nos alegramos del éxito de los otros. De hecho, el éxito siempre es sospechoso en nuestro país. También ha influido el desencanto por las injusticias sociales, la sensación de aumento de la desconfianza y no creer en las instituciones.

¿Qué otros problemas, además del estrés, ves que nos están dañando?

Además del estrés, la investigación mostró que lo que nos está dañando es la falta de silencio, de replegarse hacia dentro, de hablar desde los afectos, de recuperar la bondad como un valor, de poder decir lo que sentimos, de hacernos más cariño, de no usar tanta tecnología sino cosas que sean más concretas o reales.

¿Esto afecta por igual a hombres y mujeres adultos? ¿Le pasa también a jóvenes y adultos mayores?

Esto afecta por igual a todos. A los jóvenes un poco más porque están más desconectados de sí mismos producto del tema tecnológico. Los adultos mayores han logrado tener un ritmo un poco distinto donde han sabido equilibrarse y manejarse, sobre todo los que usan tecnología, pues manejan estos recursos y se hacen cargo de sus procesos internos.

De acuerdo a tu experiencia, ¿está muy desmejorada la salud de los chilenos en comparación con otros países?

De acuerdo a las investigaciones está muy desmejorada la salud mental de los chilenos en comparación con otros países. Somos el país que menos se ríe en América Latina, tenemos serios problemas para expresar la tristeza, tendemos a apurar los procesos de duelo y somos el país que tiene más farmacias o botillerías por metro cuadrado. Claramente hay un factor muy negador del tema emocional que hace que nuestra salud mental esté siempre al borde de una crisis o con la sensación de que se desbordará.

¿Qué daño a la familia o a los niños puede causar el que los adultos vivan en estado de constante alerta?

El daño a los niños tiene que ver con el testimonio. ¿Cómo? En la medida que mis hijos me vean medicarme todo el día o estar siempre quejándome de todo, que no me escuchen agradecer, que no me vean cantar o reír, y que no vean que el mundo adulto puede ser entretenido. Todo eso genera pautas de modelaje respecto a lo que pasa en la vida. Indudablemente lo que les sucede a los adultos termina por afectar a los niños.

¿De qué manera viste que tu propio cuerpo y mente estaban viéndose resentidos?

Vi que mi cuerpo se empezaba a resentir cuando ya estaba reventada, por eso el nombre del libro, porque no supe reconocer mis síntomas de cansancio, de no estar durmiendo bien, de estar comiendo mal o retener líquido sin tener explicación. Siempre pensé que el cansancio que sentía era por mi ritmo de vida o mis viajes, pero eso no es muy distinto de una señora que viaja diariamente en el Transantiago, que se sube y baja del Metro repleto.

Me di cuenta tarde, sin haber valorado síntomas previos como derrames en los ojos, alergias o taquicardia. Hasta que llegué a un sangramiento vaginal de 3 meses que es el que me terminó por mostrar que todo mi cuerpo se estaba reventando por dentro. Esa fue la negación. Y ahí es donde yo digo que ser extremadamente positivo es primo hermano de ser negador, siempre hay que estar viendo las vulnerabilidades para poder tener una salud un poco más plena.

¿Cuáles son los síntomas corporales y emocionales que causa el vivir en estado de estrés?

Hay niveles. Primero vienen los síntomas emocionales, hay más llanto, irritabilidad, la gente come más, come menos, duerme más o menos. Pero todo eso que pasa se asocia al tema del cansancio, por lo tanto, no se valora ni se consulta al doctor. Además, es como “top” decir que uno está cansado porque va a tener una especie de valoración social al sentir que uno está muy ocupado. Después vienen los primeros síntomas corporales que pueden ser leves y uno no los toma en cuenta, como por ejemplo resfríos o en el caso mío los derrames en los ojos. Esto empieza a complicarse en la medida que uno no es capaz de escuchar, hasta vivir situaciones mayores como estar en riesgo de una hospitalización, desarrollar tumores o crisis de pánico. Hay que hacerse cargo del cuerpo, lo cual es una invitación a un proceso de crecimiento.

¿Cuál fue tu propio camino de sanación?

Estoy en un proceso de sanación, nunca me voy a dar de alta porque no me conviene, ya que querría decir que me voy a largar de nuevo a correr y no tengo ganas. Mi proceso tiene que ver con haberme reestructurado y haber entendido mis ritmos de cansancio, aprender a vivir mi trabajo de una manera distinta, centrarme mucho más en los procesos de silencio y reestructurar toda mi alimentación. Dejé el azúcar y evito las harinas, intento hacer ejercicio y permanecer activa, privilegio el sueño y desconecto la tecnología lo más que puedo. Pero tengo que estar siempre muy alerta de no hacer oídos sordos de lo que el cuerpo me está diciendo. Lo que sí me di cuenta es que cuando uno escucha al cuerpo éste informa y da pautas reales de hacia dónde encaminar los procesos de crecimiento personal.

¿Cuáles son los caminos de sanación que planteas para las otras personas?

Yo nunca me he sentido con el derecho de plantear caminos de sanación o de entregar consejos a nadie, por eso es que investigo. Porque no creo ser sabia ni iluminada. Puedo contar lo que yo vi en la investigación y desde esa perspectiva puedo decir que los caminos de sanación pasan por hacerse preguntas de cómo estoy, cómo me siento y cómo está la gente que vive conmigo. Las personas reconocían que el problema no eran las preguntas, sino las respuestas, ya que éstas implicaban tomar decisiones que apuntaban a ser feliz: hacerse cargo de la propia historia de vida, cuidar la alimentación, entender que el azúcar es 7 veces más adictiva que la cocaína, cuidar esta herramienta que se llama cuerpo y que me va a acompañar hasta el final de mis días, pero con cariño y contención.

¿Qué frases o conductas debemos incorporar a nuestra vida para vivir en armonía y no caer en estrés?

No caer en estrés es imposible, eso va a depender de cómo uno maneje las presiones y las sensaciones que uno tenga o no para controlarse. Pero sí se puede en la medida que uno gradúe el silencio, en la medida que uno se haga preguntas y en la medida que uno no enganche con el sistema consumista. Esto último es un trabajo de mucha voluntad y esfuerzo. Hay quienes lo están intentando hacer y se puede. Así se logra un poco más de paz y la sensación de sentir que la vida la controla uno y no lo que está pasando fuera de nosotros.

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