El asma es una enfermedad crónica que afecta a más de 150 millones de personas a nivel mundial, cuya cura total aún no está definida, pero sí hay métodos cada vez más efectivos para su control.

Según detalla Pamela Cárcamo, académica de la Facultad de Enfermería de la U. Andrés Bello, “esta enfermedad se caracteriza por hiperreactividad bronquial a diversos agentes alérgenos que provocaran irritación e inflamación de los bronquios causando disnea (sensación de falta de aire) y sibilancias (silbido al respirar) que varían en severidad y frecuencia de una persona a otra”.

Los síntomas pueden sobrevenir varias veces al día o a la semana, y en algunas personas se agravan durante la actividad física o por la noche. “En una crisis de asma, los bronquios se obstruyen por inflamación permanente y esto genera un silbido durante la respiración. De esta manera, el flujo de aire que ingresa a los pulmones disminuye provocando fatiga, disnea, somnolencia, dolores de cabeza, tos recurrente, y en casos más severos cianosis (color azulado en uñas o peribucal) y ojeras”, señala.

¿Cómo manejar esta patología?

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en la edad escolar. “La mayoría de estas crisis son leves. Sin embargo, el riesgo de hospitalización por crisis de asma es mayor en los niños de edad preescolar que en niños mayores, aún en pacientes que presentan períodos sin síntomas”, comenta.

Respecto al manejo de la patología, la enfermera es categórica: “en primera instancia hay que aprender a identificar cuáles son las causas o factores que desencadenan una crisis asmática y evitarlos”.

Atención con estas recomendaciones

  1. Detectar cuales son los alérgenos que desencadenan la crisis y evitarlos, como el moho (hongos que aparecen en las paredes del hogar producto de un ambiente húmedo, por ejemplo, al secar ropa dentro de la casa), polvo, polen, ácaros, caspa animal.
  2. Evitar peluches, alfombras, cobertores de pluma donde se acumulan la mayor parte de los alérgenos.
  3. Ventilar bien el hogar todos los días.
  4. No fumar y no exponer a los niños a ambientes con humo de cigarrillo o agentes irritantes como soluciones limpiadoras, químicos de perfumes etc.
  5. Evite la calefacción a gas: seca el aire y favorece la tos.
  6. Realice ejercicio con precaución. Algunas personas padecen lo que se conoce como asma inducido por ejercicio, que se caracteriza porque los síntomas se manifiestan al hacer ejercicio físico.
  7. El frío o el aire seco a veces dan síntomas de asma en algunas personas, lo que también ocurre con el calor o la humedad extrema. Evite cambios de temperatura extremos.
  8. Utilizar todos los días en tratamiento indicados por su médico tratante, aunque no existan síntomas.
  9. Las infecciones virales de las vías aéreas, como resfríos o gripe son el principal desencadenante de las crisis de asma en los niños y adolescentes.