Cómo identificar a una víctima de bullying

Cuando un hijo confiesa que uno o varios compañeros lo están hostigando continuamente, los padres suelen reaccionar molestos y sorprendidos. Lo cierto es que lamentablemente el bullying es un problema que afecta a millones de estudiantes, niños y jóvenes de todo el mundo.

En Chile los casos de acoso escolar no son tan aislados. Según la Encuesta Nacional de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación realizada en 2011, uno de cada diez estudiantes declaró haber sido víctima de bullying y sentirse afectado por esta situación, y cerca de un 25% de ellos lo sufre diariamente. En 2016, la Superintendencia de Educación recibió casi dos mil denuncias por maltratos físicos y psicológicos, un 27,8% más que el año anterior.

La doctora Marcela Abufhele, psiquiatra infanto-juvenil de Clínica Alemana, explica que al comprobar que un menor está siendo agredido física o psicológicamente en su escuela, es necesario mantener la calma y actuar con diligencia.

“A veces la desesperación nos lleva a tomar malas decisiones que pueden poner al niño en más riesgo de victimización. Es importante contenerlo y asegurarle que lo van a ayudar. Los siguientes pasos incluyen acudir al colegio, hablar con los adultos a cargo del clima y convivencia escolar del establecimiento y buscar en conjunto soluciones”, aconseja.

En las primeras ocasiones, una de las respuestas más frecuentes por parte de los padres es incentivar al pequeño a que le responda a su victimario con una actitud aún más agresiva. Según la especialista, esto podría empeorar la situación.

“Si bien cada caso es distinto, hay que recordar que el bullying es, por definición, un abuso de poder, es decir, los agresores tienen ciertas ventajas o son más ‘fuertes’ que las víctimas, por lo que enviar a un niño más indefenso a enfrentar a quien lo intimida, solo contribuye a victimizarlo más e, incluso, podría ponerlo en riesgo. La confrontación solo debe darse cuando hay un adulto u otra persona que pueda guiar o mediar la interacción, de modo que resulte sanadora”, aclara.

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Evaluar cada caso

Los establecimientos educacionales están obligados por ley a tener un Consejo Escolar o un Comité de Buena Convivencia Escolar para evitar cualquier tipo de agresión hacia y entre los alumnos. Sin embargo, a pesar de la intervención del colegio, muchas veces no se logra acabar con el bullying. Allí, muchos padres deciden cambiar al niño de curso o incluso de escuela.

“Es una medida dentro de varias alternativas y se considera caso a caso dependiendo de la magnitud, tiempo de evolución y la forma de resolver la situación de bullying. La idea es que los cambios sean una estrategia más de resolución de conflicto y no una forma de escape que solo va a contribuir a que se repita la misma dinámica en el nuevo establecimiento”, afirma la psiquiatra infanto-juvenil.

Ser víctima de un acoso escolar, blanco de agresiones psicológicas y físicas, a tan temprana edad puede dejar huellas. Estas consecuencias pueden ser de diversa índole, dependiendo de las características de cada niño y cómo se maneje la situación.

“A veces las secuelas no son tan evidentes, por lo que vale la pena al menos considerar una evaluación psicológica para asegurarnos de que el desarrollo socioemocional del niño no está afectado. La terapia psicológica va orientada a fortalecer su personalidad y desarrollo de identidad sana. Asimismo, los niños agresores también requieren de una evaluación psicológica. Ser un ‘matón’ también tiene consecuencias en el desarrollo infantil y juvenil, y es nuestro deber ayudarlos”, asegura la experta.

Padres: a qué poner atención

Si ya no quiere ir al colegio, se ve triste y no expresa qué es lo que le sucede, es probable que el niño esté sufriendo acoso escolar, es decir, esté siendo agredido u hostigado de manera reiterada por uno o más compañeros de colegio, quienes se valen de una situación de superioridad para maltratarlo, humillarlo o atemorizarlo.

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La especialista explica que aunque no hay síntomas o signos específicos del bullying, se pueden identificar algunas conductas que se presentan en la mayoría de las víctimas, entre ellas:

  • Rechazo escolar
  • Retraimiento
  • Quejas somáticas, como dolores de estómago o cabeza, cuando van a ir o están en el colegio.
  • Tristeza
  • Preocupación
  • Ansiedad

“Lo más importante es que los padres estén atentos a cualquier cambio en el comportamiento habitual del niño, ya que este puede ser producto del bullying. En estos casos es necesario acercarse al menor e intentar comprender lo que sucede”, concluye la doctora Abufhele.

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