Cómo reconocer la apendicitis

El apéndice tiene la forma de un saco alargado. Su tamaño varía mucho y su diámetro es muy pequeño, entre  0,5  y 1 cm. Se ubica en el ciego, en la primera parte del intestino grueso. Es una estructura  misteriosa y  no tiene una función conocida. Tampoco se han observado efectos por su extirpación. Sin embargo, el apéndice se puede inflamar, lo que se conoce con el nombre de apendicitis.

¿Por qué se produce la apendicitis y cuál es su frecuencia?

Cuando el lumen del apéndice se obstruye se multiplican los gérmenes en su interior. Estos gérmenes provocan una inflamación en las paredes del apéndice y si este órgano no se extirpa en forma precoz, sus paredes se perforan provocándose una peritonitis por el paso de contenido purulento a la cavidad peritoneal. La peritonitis es una complicación grave, que pone en serio peligro la vida del niño. Puede producirse en un plazo aproximado de 24 horas, si el niño no se opera a tiempo. Ahora bien. La obstrucción del lumen del apéndice puede deberse a la impactación de un trocito de deposición endurecida (conocido como fecalito), o a la inflamación del tejido linfático del apéndice por una virosis.

La apendicitis es una enfermedad frecuente. Se estima que aproximadamente uno de cada quince individuos la desarrollarán en el curso de su vida, comúnmente en la edad escolar y en el adulto joven. En niños ocurre mayoritariamente entre los 6 y los 14 años, constituyendo la urgencia quirúrgica más frecuente en la infancia. Son excepcionales los casos de apendicitis en lactantes menores de un año de edad y solamente el 5% de los casos se producen en menores de 3 años.

A pesar de la larga experiencia acumulada durante años acerca del diagnóstico y tratamiento de esta afección, la apendicitis continúa siendo una enfermedad de difícil diagnóstico y a menudo el tratamiento quirúrgico se efectúa tardíamente, cuando ya el apéndice está perforado y se ha producido una peritonitis.

¿Cuáles son los síntomas de apendicitis?

Los síntomas típicos de la apendicitis son dolor abdominal, fiebre y vómitos. El dolor abdominal es el síntoma más destacado y está siempre presente. Al principio se percibe como un dolor vago o de tipo cólico (retortijón) que se ubica en la parte alta o centro del abdomen, el que pronto se vuelve constante y progresivo. A las pocas horas, el dolor se intensifica y se desplaza habitualmente hacia la parte inferior derecha del abdomen. La irritación de órganos adyacentes como la pared intestinal, uréteres o vejiga puede provocar diarrea o molestias urinarias, que dificultan el diagnóstico y pueden hacer pensar erradamente en una gastroenteritis o en una infección urinaria.

Mientras más pequeño es el niño más difícil es hacer el diagnóstico, el que resulta especialmente complicado en menores de dos años; a esta edad el dolor abdominal se manifiesta por intranquilidad, crisis de palidez y llanto agudo, síntomas muy inespecíficos que pueden deberse a muchas causas.

¿Cómo se hace el diagnóstico?

El diagnóstico se sospecha por la historia clínica que revela la presencia de los síntomas descritos. Siempre hay que pensar en este diagnóstico cuando estamos frente a un niño con dolor abdominal agudo, persistente y progresivo, aunque el menor no lo refiera necesariamente en la parte inferior derecha del abdomen.

Ante un cuadro con estas características no se debe dar al niño antiespasmódicos, ya que pueden disminuir transitoriamente los síntomas, ocultar la enfermedad y retardar el tratamiento quirúrgico. En lugar de eso debe consultarse con un médico de inmediato, quien realizará un examen físico y a veces solicitará algunos exámenes.

En la exploración física el niño con apendicitis se observa decaído, camina lentamente inclinado hacia delante o se niega a caminar, y permanece quieto en la camilla. El hallazgo más importante en el examen físico es la presencia de un dolor abdominal intenso al palpar la zona del apéndice.

En la mayor parte de los casos una historia clínica compatible y un examen físico sugerente son datos suficientes para realizar una exploración quirúrgica. En los casos dudosos los exámenes más utilizados para aclarar el diagnóstico son el hemograma, que muestra un aumento de los leucocitos, con aparición de leucocitos inmaduros como reflejo de la infección; el examen de orina, que permite descartar la infección urinaria cuando hay molestias de cistitis por irritación vesical; la ecografía abdominal, que puede mostrar el apéndice engrosado por la inflamación; y la tomografía computarizada, un examen más preciso que la ecografía pero menos práctico y más demoroso.

¿Qué otras enfermedades pueden simular una apendicitis?

Múltiples enfermedades, pero el gastroenterólogo o el cirujano experimentado deben poder hacer el diagnóstico diferencial. Entre esas enfermedades están la gastroenteritis, el estreñimiento, la adenitis mesentérica, las infecciones urinarias, los quistes del ovario rotos o torcidos, la diverticulitis de Meckel, la invaginación intestinal, la neumonía basal, la meningitis, la colecistitis aguda, la pancreatitis, la úlcera duodenal y la ileítis aguda.

¿Cuál es el tratamiento de la apendicitis?

Una vez hecho el diagnóstico el tratamiento es quirúrgico, y debe ser realizado en lo posible dentro de las primeras 24 horas de iniciado el cuadro de dolor abdominal. Los cirujanos antiguos decían que si la apendicitis se diagnosticaba en el día el paciente debía operarse antes de que llegara la noche, y si el diagnóstico se hacía en la noche antes de que amaneciera. Puede realizarse la apendicectomía abierta convencional (extirpación del apéndice a través de una pequeña incisión en la pared abdominal) o bien la apendicectomía laparoscópica, técnica menos invasiva en la cual no se abre el abdomen y que permite revisar el resto de los órganos de la cavidad abdominal.

Cuando el tratamiento se realiza en forma precoz la evolución es muy buena y el niño puede ser dado de alta muy rápidamente. Si ya se ha producido una peritonitis el período postoperatorio será más prolongado, pero el pronóstico continuará siendo bueno.

 

Por: Dr. Francisco Larraín, gastroenterólogo pediátrico UC. 

 

 

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