Es importante considerar que cada hijo es especial en sí mismo y desarrolla su propia personalidad y características de acuerdo a sus condiciones naturales, la influencia de su ambiente inmediato, número de hermanos, ubicación dentro de los hermanos, diferencias de edades, sexo, etc.

Sin embargo, existen ciertos patrones que permiten identificar pautas comunes entre quienes ocupan el mismo lugar entre los hermanos.

Hijo mayor

Este niño llega a formar parte de una familia que recién comienza y sin experiencia en el cuidado de los hijos. El primogénito acapara por mucho tiempo la exclusividad del amor, cariño, atención y dedicación de los padres, además de los abuelos y familia extendida más cercana, principalmente si es el primer niño de ese grupo familiar.

Para los padres, el primer hijo representa un desafío, ya que a través suyo se someten constantemente a prueba: con él experimentan por primera vez la paternidad y se enfrentan a una serie de decisiones, por ejemplo, cómo delimitar los horarios y formar hábitos, elegir colegio, decidir y dar permisos, cómo administrar castigos, etc. Ante su primer hijo, las expectativas de los padres son altas, esperan mucho de él, le exigen más e idealizan su futuro, proyectándose a través del niño. Como resultado, el niño suele tener un alto nivel de autoexigencia, y por eso puede ser más ansioso y con una mayor tendencia a la frustración frente al fracaso.

Además, podría manifestar las siguientes características: ser más conservador, egoísta y egocéntrico que el resto de los hermanos, ya que todo se ha organizado en función de él; también puede ser más autoritario, ya que su condición de mayor le facilita ejercer este rol, es él quien decide a qué jugar, qué ver en TV, qué juguetes prestar.

La diferencia de edad y de sexo entre los hermanos también significa una gran influencia, ya que si hay mucha diferencia de años es probable que el mayor asuma un rol protector frente al menor, lo que podría implicar un costo socio-emocional importante en cuanto a que postergue su papel de hijo y de niño, adoptando un rol de segundo papá o mamá.

Cuando llega un hermano, el hijo mayor siente que este personaje viene a quitarle los privilegios que tenía hasta ese momento. Y surge la angustia inconsciente de que si sus padres decidieron tener otro hijo podría ser porque él no ha resultado ser el hijo que los padres querían. De aquí la importancia de preocuparse especialmente de que el hijo mayor no se sienta desplazado cuando nace un segundo bebé y hacerlo participar dentro de los cuidados del hermano, destacando su importante rol de “hermano mayor”.

Es posible afirmar que los hijos mayores pueden reaccionar de dos formas opuestas ante la llegada de un hermano, dependiendo de la madurez con que enfrentan la frustración. Una forma es siendo más obedientes y atentos, como una manera inconsciente de complacer a sus padres con el fin de no perder su atención y afecto. Otro camino es manifestando conductas regresivas como hacerse pipi, hablar como guagua, querer usar chupete o mamadera, por ejemplo.

Hijo del medio

Con su segundo hijo los padres están más relajados y presentan menos angustia ante su rol.  Ya saben cómo enfrentar la crianza de un hijo y son menos exigentes en el establecimiento de normas y límites.

Como se muestran menos ansiosos y menos aprensivos se atreven a delegar más en cuanto al cuidado del niño, ya sea a la nana o familiares cercanos. Los padres, especialmente la madre, retoma con mayor tranquilidad y madurez su rutina laboral y social después que el bebé ha cumplido algunos meses. La crianza de los hijos anteriores brinda a los padres cierta experiencia y, por lo general, les permite distinguir aquellos aspectos que son de mayor importancia en su educación y salud.

Es común que los hijos del medio en ocasiones se sientan  ignorados o relegados ante las atenciones de los padres. Por esta razón presentan mayor facilidad para descubrir y utilizar  recursos personales y sacar provecho de eso, es decir, buscan sus características positivas que les permitan establecer buenas relaciones con los demás . Eso lo utilizarán como herramienta para abrirse paso y llamar la atención (por ejemplo: simpatía, talento, buenas notas, buen desempeño en deportes, etc.)

Suelen sentir que el hermano mayor destaca por alguna característica (ejemplo: buenas notas) y el menor está aprendiendo cosas nuevas y acapara la atención. Finalmente, él pertenece al “mundo de nadie” y debe estar constantemente buscando conductas nuevas para poder sobresalir entre los hermanos. Frente a esta situación pueden desarrollar dos tipos de actitud: por un lado pueden mostrarse más independientes y  más autónomos, no dependen del reconocimiento de los demás y mantienen un buen nivel de autoestima; por otro lado, debido a la necesidad de llamar la atención, podrían desarrollar una conducta más irritable, con carácter fuerte, con deseo de imponer sus ideas ante los demás, demostrar constantemente diferentes habilidades o presentar trastornos conductuales.

Hijo menor

La actitud y desempeño de los padres es similar a lo descrito con el segundo hijo en cuanto a la experiencia y seguridad con que se enfrentan a la crianza de un nuevo hijo.  Presentan menos angustia y mayor tranquilidad  frente a su rol. Después de haber tenido más de un hijo anteriormente ya están muchísimo más relajados ante las expectativas y las exigencias,

por esta razón en ocasiones tienden a exigir menos a los hijos pequeños y podría ocurrir que la disciplina se vuelva demasiado flexible con el más chico de la casa, permitiendo que sea menos responsable que sus hermanos.

Este hijo suele ser más protegido que los demás hijos y más estimulado por el hecho de que no sólo cuenta con sus padres, sino también con sus hermanos que ayudan en esta función.

Suelen ser seguros de sí mismos, muy queridos y estimulados, más libres, sociables, aprenden con mayor facilidad a respetar turnos, a compartir juguetes y espacios con los demás. A veces, también, suelen ser muy mimados, y acostumbrados a ser el centro de atención dentro de la familia.

Consideraciones de importancia

  • Es de suma importancia que los padres favorezcan una buena relación entre los hermanos, evitando favoritismos o conductas demasiado protectoras con alguno de los hijos, ya que de alguna forma los demás pueden resentir estas diferencias. Manteniendo un equilibrio en cuanto a la atención, las normas y las formas de interactuar con cada hijo se evitará crear diferencias que perjudiquen finalmente la relación entre los hermanos y el ambiente familiar en su conjunto.
  • Transmitirles que la relación entre hermanos es una relación para toda la vida y que siempre deben poder contar con su hermano, incondicionalmente.
  • La relación con cada hijo es única, cada vínculo es especial y diferente y, por lo tanto, se debe permitir un tiempo y un espacio de exclusividad con cada uno de los hijos, independiente de la edad, del sexo o del lugar que ocupa entre los hermanos.
  • Permitir que los niños se comporten de acuerdo a su edad y no esperar de ellos conductas más maduras o más infantiles. Por ejemplo, situarlos en posición de “segundo padre”.
  • Evitar realizar comparaciones o hablar excesivamente de los logros de uno de los hermanos.

 

Por: Paula Ramírez, sicóloga.

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