El primer baño del bebé

Un rato agradable. Esa es la clave para que el primer baño del bebé sea una experiencia en la que tanto los padres como el niño puedan relajarse y disfrutar el momento.

Luego de 2 a 3 días de que se cae el cordón umbilical —lo que ocurre entre los 7 y 14 días después del nacimiento— el pequeño ya se puede bañar por primera vez.

Si bien hay países en los que el bebé tiene contacto con el agua desde que llega al hogar, en Chile se prefiere esperar, ya que así se evitan posibles infecciones en el ombligo.

La doctora Patricia Salinas, pediatra de Clínica Alemana, explica que en los días previos al primer baño, el niño debe ser limpiado con algodones humedecidos en agua tibia. En ocasiones, el médico puede recomendar que también se utilice vaselina líquida.

“Lo importante es tener precaución con los pliegues y entremedio de los dedos, ya que esos lugares son más fáciles que se irriten”, advierte la especialista.

Cuando llega el día del baño lo ideal es que tanto el papá como la mamá estén presentes, que sea un momento para compartir en familia.

“Al principio a los niños no les gusta mucho bañarse. Por eso es que hay que tratar de hablarles y hacer la experiencia lo más placentera posible. De esta forma, el bebé no pasa susto en el agua”, explica la doctora.

Es importante tener claro que no hay que bañar al menor después de alimentarse.

La temperatura del agua debe ser agradable al tacto. La especialista recomienda que para saber qué tan templada está, alguno de los padres introduzca su codo en la bañera. Si se quiere ser más exactos, se puede utilizar un termómetro, el cual debe marcar entre 32 y 34°C. Asimismo, la temperatura ambiente debe ser de aproximadamente 25 C.

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Es importante que la bañera tenga alrededor de 15 centímetros de agua. Si se excede esta medida, el niño puede correr algún tipo de riesgo, ya que es muy pequeño y, además, no está familiarizado con el proceso.

Antes de iniciar el baño, hay que preocuparse de que todo lo que se vaya a necesitar esté cerca de la bañera. Esto porque “no se puede dejar ni un segundo solo al niño en el agua”, señala la pediatra.

La especialista también advierte que toda la atención debe estar centrada en el bebé, por lo que no tiene que haber teléfonos celulares, o si alguien baña al niño solo no puede, por ejemplo, ir a abrir la puerta o distraerse en otra actividad.

Manos a la obra

  • Una vez que todo el ambiente está preparado se debe introducir lentamente al niño en el agua. Así, el proceso es menos traumático que si se hiciera de forma rápida. “Al principio no les va a gustar mucho, pero después se divierten”, explica la doctora.
  • Los movimientos deben ser suaves y delicados. Para que el recién nacido se sienta cómodo hay que tener calma, ya que ésta se transmite al menor.
  • Es bueno que se sostenga al bebé con un brazo y con el otro se bañe.
  • El pelo se puede lavar con “jabón y champú, todo en uno”, ya que los productos que están solamente hechos para lavar el pelo hacen mucha espuma.
  • La especialista también advierte que el baño debe ser corto, porque, entre otras cosas se va acostumbrando de a poco al bebé al agua.
  • Una vez que se termina, el niño tiene que ser sacado con suavidad del agua y secado con una toalla suave que lo empape.
  • Los talcos y colonias no son recomendables. Si el bebé tienen una descamación de la piel, se puede usar vaselina líquida.
  • Lo ideal es que, ya que los recién nacidos se relajan con el agua, después de esto se les dé la papa y se vayan a dormir.
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Fuente: Clínica Alemana.

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