Educación en casa en tiempos de coronavirus

La educación de los niños en casa puede ser difícil

En los últimos días ha ocurrido cierta controversia acerca de mi opinión sobre el “teletrabajo académico” de los escolares en esta situación de cuarentena que impera hoy Chile.

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  • Sin desmerecer para nada la neuropsiquiatría, parece de lógica elemental que no es posible que “los objetivos del currículo serán cumplidos” en condiciones tan distintas y adversas de las que requiere satisfacer sí o sí, la formalidad de la educación escolar o simplemente LA ESCOLARIDAD.

    Proponiendo una mirada algo distinta pero muy exigente (pretenciosamente rigurosa, digo), parece imperativa para no desviar el análisis de la verdadera situación tan llena de “aproximaciones” por la que estamos atravesando, para ver si alguna de ellas resulta (?)

    Sería todo más simple si entendiéramos que lo que llamamos educación no está sirviendo para sobrellevar adecuadamente lo que se refiere a la escolaridad ya que “eso es” lo que está… “suspendido”. El que, lo que sucede en las escuelas lo tengamos que llamar educación “por razones completamente ajenas a la propia escuela y a lo que debe ocurrir en ellas”, nos está llevando a un paroxismo inaudito que solo un enfrentamiento verdaderamente profesional puede acercarnos a una verdadera posibilidad de abordar esto de buena manera.
    Si no tuviéramos tantos “qué es lo que debe suceder en la escuela”, no estaríamos adivinando las soluciones que intentan homologar y reemplazar lo que allí debe suceder.
    Y no se trata de desventajas, de diferencias, de ruralidad, de quintiles más bajos o de educación pública o privada. Sobre todos estos elementos tenemos muchos datos -demasiados, diría yo-, pero lo que falta es el verdadero sentido de lo escolar. Perdimos su sentido humano y no existe, hasta ahora, ciencia que puede dar respuesta satisfactoria a lo que en la escuela debería suceder, ¡realmente!
    El naturalismo perspectivista con el que se trata lo que debería suceder en la escuela -en todas ellas, digo-, tiene siglos de ser practicado sin tener progresos que impliquen un “desarrollo científico” que nos permitiera decir hoy, con propiedad, que estamos “a la altura de los tiempos”. El rezago pedagógico no se debe a que las otras ciencias no pudieron ayudar a la pedagogía escolar en su avance y desarrollo, sino que ella fue vista como algo de lo propio de cada una: no se le respetó y permitió una mirada propia; siempre fue mirada prestada desde fuera de ella.

    Lo de la diferencia en la dificultad para aprender en los diversos grados escolares es un buen ejemplo de impropiedad, ya que cada grado escolar tiene sus propias características y no son comparables para hacer prevalecer unos sobre otros. Estamos llenos de inventos que no son nuestros (de los profesores de aula, digo), pero es de esperar que esta crisis nos deje alguna enseñanza en el campo de la profesionalidad perdida.

    Creo que la pedagogía escolar merece una profesión propia que dejó de ser un arte hace mucho tiempo. Y en este sentido concuerdo plenamente con la autora cuando afirma que “Es mucho más sencillo arruinar una instancia de trabajo académico en casa que facilitarla” (trabajo académico es usado como sinónimo de trabajo escolar), porque eso tiene razones profesionales evidentes; con todo respeto, me permito completar la frase de la autora diciendo…: “cuando no se atiene al trabajo profesional de los pedagogos escolares.”

    Para finalizar, solo agregaré que “En tiempos de Covid-19” el currículo escolar debe ser aplazado ya que es lo verdaderamente suspendido, en estricto rigor, por ahora, nuestros hijos no son escolares.

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