Las vacunas son compuestos biológicos que se utilizan con el fin de obtener una inmunización activa ante el contacto de virus o bacterias que podrían desencadenar una enfermedad. Su implementación representa una de las medidas que mayor impacto ha generado a nivel sanitario. De hecho, anualmente salvan aproximadamente tres millones de vidas. Y lo cierto es que no existe otro método alternativo o más eficaz que pueda reemplazar su función. “Gracias al programa de vacunación en Chile, por ejemplo, ya no tenemos casos autóctonos de patologías tan peligrosas como la difteria o la poliomielitis”, explica el infectólogo de Clínica Vespucio, Dr. Leonardo Siri.

Un niño que no fue vacunado no solo está expuesto a adquirir enfermedades infecciosas, sino que también puede transformarse en un reservorio de las mismas. Puede contagiar tanto a su núcleo familiar como a su entorno social en el colegio. De hecho, “en Europa se ha visto en los últimos meses un auge en los casos de sarampión. Y hace un tiempo aparecieron pacientes en nuestro continente, específicamente en Ciudad de México”, advierte.

Adiós al efecto rebaño

Estos avances de enfermedades consideradas erradicadas comenzaron junto con los movimientos antivacunas. El pilar de estas tendencias se basa en un artículo desarrollado por el ex médico Andrew Wakefield, en el que se daba por hecho una asociación entre la vacuna trivírica (sarampión, rubéola y paperas) y casos de autismo en niños. Años después salieron a la luz conflictos de interés graves del autor, sumado a declaraciones de médicos colaboradores que afirmaron haber manipulado datos y haber inventado otros para favorecer estas conclusiones.

“Lamentablemente hasta el día de hoy estos argumentos de potenciales efectos adversos relacionados a la vacunación siguen en boga. Esto ha generado el miedo de los padres antes de vacunar a sus hijos”, puntualiza el infectólogo.

Lo importante es asesorarse de forma adecuada considerando la evidencia sólida que avala el uso de las vacunas como una medida de salud pública fundamental en el control y erradicación de enfermedades infecciosas.

De lo contrario, el mayor riesgo es que empiece a desaparecer el llamado efecto rebaño. Este se produce cuando hay una gran cantidad de población vacunada, lo que conlleva a una menor circulación del microorganismo culpable del contagio de ciertas enfermedades. “Lo anterior entrega también una protección indirecta a las personas que aún no se vacunan”, afirma.

Recomendaciones posteriores a la vacuna

Según el Dr. Siri, los riesgos siempre son inferiores a los beneficios. Y es que los efectos posteriores a recibir una vacuna, en la mayoría de los casos, suelen ser localizados, leves y de corta duración. En cambio, no ocurre lo mismo con una enfermedad o infección que, si no se trata a tiempo, podría provocar serios problemas o incluso la muerte.

“Si bien es cierto que existen efectos secundarios, estos desaparecen solos con el paso de los días”, aclara el especialista, quien entrega algunas advertencias en caso de sentir malestar una vez inyectada la vacuna:

  • Puede sentirse sentir dolor, hinchazón y enrojecimiento en la zona. Dado que es una reacción frecuente y pasajera, lo recomendable es aplicar una compresa fría en el área afectada.
  • Si el dolor persiste y presenta un poco de fiebre, puede tomar un analgésico, como paracetamol.
  • Si es susceptible a desmayos, siéntese o recuéstese por unos minutos después de la vacuna. Comuníquele al médico si está mareado, tiene cambios en la visión o silbido en los oídos.
  • Preste atención a cualquier signo que le preocupe, como una reacción alérgica severa, fiebre muy alta o cambios de comportamiento. De ser así, acuda inmediatamente a un centro asistencial.

Las enfermedades que hemos logrado erradicar en Chile gracias a la vacunación son el Sarampión, Viruela, Difteria y Poliomielitis.

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