La susurradora de… personas

Es franca y directa; muy directa. No se enreda con interpretaciones. Sin duda, su experiencia con caballos le ha enseñado el valor de lo simple, pero profundo. Decir sí cuando es sí y no cuando es no. Ser coherente, confiable. Soledad Birrell estudió pedagogía y es master en tecnologías educacionales, pero su oficio es combinar todo lo que ha aprendido de sus observaciones por más de 15 años para dar un taller muy especial. En este espacio, ella y sus caballos enseñan las leyes de la manada.

Su relación con los caballos viene desde muy chica. Parte de la pasión la heredó de su madre. “Mi familia tenía un campo al que nos íbamos a principios de diciembre hasta marzo. Eran tiempos sin televisión y andaba a caballo todo el día. Más tarde comencé a hacer clases de sicología equina para dar a conocer esta forma de entender nuestra relación con los caballos y tratar de solucionar el origen de su comportamiento problemático, el que casi siempre tenía una raíz en la conducta humana del que los cuidaba o entrenaba. Luego tuve mi propio centro ecuestre con una socia y de ahí pasé por algunos lugares hasta llegar donde estoy ahora: el Club Ecuestre Internacional. También doy clases en mi campo para grupos de alumnos, empresarios, profesores y personas en forma individual”.

Reconoce que no le resultó fácil aceptar este trabajo como algo permanente. “Me gusta mucho estar y trabajar con caballos. Fueron ellos los que me empujaron a dedicarme a esto. Busco un punto medio para encontrarme con los caballos, a medio camino entre su naturaleza y la mía, la forma de comunicación más pura y genuina posible. Y fue en ese proceso donde me di cuenta que ellos llegaban a ese punto de encuentro completamente caballos y me exigían que yo me presentara completamente humana. Si uno lo pudiera poner en palabras se podría decir que me hicieron reflexionar sobre mi propia naturaleza y sobre la necesidad de volver a la manada humana, aceptando las leyes biológicas que nos rigen, usando todas las herramientas con que contamos y alineando nuestros tres cerebros: la cabeza, el corazón y la guata”.

Soledad estudió con Stan Allen, norteamericano que inspiró la película “El Susurrador de Caballos”, protagonizada por Robert Redford. “Con Allen aprendí que no debemos humanizar a los caballos y se me abrió un mundo nuevo y fascinante, una nueva forma de mirar a los caballos y la relación que uno podía establecer con ellos. Entendí una manera distinta de mirar a mi alrededor. Me cambió la vida. Dejé todo lo que estaba haciendo y me dediqué de lleno a practicar lo que había aprendido. Con él descubrí el verdadero
propósito de mi vida, lo que me hace feliz”.

Caballo Maestro

Soledad publicó hace algunos años el libro “Caballo Maestro”, donde cuenta historias reales de maravillosas experiencias en el trabajo con estos animales.

El día que la fuimos a entrevistar estaba dando el taller a alumnos de tercer año de medicina. A través de distintas actividades estos jóvenes iban aprendiendo la importancia de la empatía, de ser claros, coherentes y, por sobre todo, creíbles para sus futuros pacientes.

Su trabajo está basado en el AFE, Aprendizaje Facilitado por Equinos, que según explica “es una metodología fundada en nuestra condición de seres de manada combinada con la capacidad de los caballos de espejarnos”. A través de este espacio de aprendizaje se construyen herramientas personales efectivas para inspirar, ejercer liderazgo empático y resolver problemas desde la credibilidad, en cualquier ámbito de la vida, tanto personal como comunitaria y profesional.

A través de ejercicios con caballos no montados cada persona debe construir soluciones a los desafíos que se le plantean, usando sus recursos propios (no hay respuestas dadas ni aprendidas), leyendo todo como información, encarnando los propósitos y la intención en el cuerpo y manteniéndose en el presente.

¿Por qué trabajar con caballos?

Los caballos son seres que buscan permanentemente el equilibrio o, como me gusta llamarlo, la comodidad biológica. Viven en manada y son muy eficientes en leer cualquier cambio en su medio desde la distancia. Ellos no tienen un sistema moral para evaluar sus conductas ni las nuestras; no juzgan, solo leen la información y actúan de acuerdo a su naturaleza, la experiencia y los aprendizajes adquiridos. Reconocen la autenticidad, la coherencia y leen las emociones.

Observar manadas de caballos en libertad nos hace entender que las etiquetas que ponemos a las personas no son reales. Miramos desde el juicio y no vemos lo que realmente está pasando. En una manada puede haber, por ejemplo, un caballo más alejado del resto, pero no significa que esté fuera de la manada; frente a una situación de peligro se sincronizan y actúan en bloque. Ese caballo ocupa un lugar en la manada y seguramente puede ser un caballo sensible que cumple el rol de vigía.

¿Cómo es una manada?

Es una forma de organización social que busca aumentar las posibilidades de supervivencia del grupo. Esto se logra a través de compartir los diferentes recursos y dones que aporta cada uno para la construcción del bien común. Para que esto sea posible los individuos deben estar cómodos biológicamente hablando. Esto significa que cada uno se sienta visto, reconocido y valorado por lo que es. Esto le genera un sentido de pertenencia que es básico para el bienestar. Esta comodidad biológica es entonces un estado dinámico y energético, desde donde yo me pongo al servicio de los demás y recibo lo que los demás tienen para ofrecerme. No es un lugar cerrado e inerte; es un espacio compuesto por mis dones, mis sueños, mis alegrías, un lugar donde soy verdaderamente yo. Las relaciones dentro de la manada cuentan con todas las herramientas necesarias para resolver conflictos y ahorrar energía.

¿Cuáles son las leyes de la manada?

La primera y más importante de estas leyes es hacerse cargo de uno mismo. Cada miembro de la manada es responsable de su propio bienestar y de su comodidad biológica, porque sin esto no hay intercambio de recursos y entonces no tiene sentido estar en manada. Esta comodidad pasa por establecer límites claros. Esta es la segunda ley de la manada. Los límites no son una barrera que yo le pongo a otro, ni una larga lista de cosas que no quiero o no me gusta de los demás. Es más bien una delimitación física y psicológica que me permite asegurar este bienestar para poder estar disponible para los demás. Las otras leyes hablan de la diversidad, de la capacidad de sentir al otro, de asumir roles que coinciden con mi don y del uso acotado de la energía disponible.

Creo que los humanos hemos olvidado nuestra parte más animal. Nos hemos escondido en la cabeza, no sabemos qué leyes nos rigen y para qué sirven las herramientas no verbales como el lenguaje corporal o las emociones. Por eso no sabemos vivir en manada. Por eso le tememos al otro y no crecemos en empatía.

¿Qué significa que los caballos actúan como espejos del ser humano?

Los caballos son animales de presa, lo que significa que son alimento de los carnívoros o animales depredadores. Su diseño biológico les facilita leer cualquier cambio en su medio ambiente desde la distancia para facilitar la huida, que es su primera opción frente al peligro. Pero si la vida fuera una constante huida no habría caballos, no podrían subsistir. Por lo tanto, son unos genios para leer las intenciones de los otros y pueden pastar cerca de un depredador si captan que éste no está en modo cazador. Estas habilidades son las que usan con nosotros. Leen nuestra corporalidad y reciben toda la información que necesitan para determinar si somos confiables, si tenemos un propósito, si estamos decididos a hacer lo que vamos a hacer, si tenemos alguna agenda escondida, etc.

Pero mi experiencia me ha llevado un poco más allá de este escenario. He observado y experimentado cómo los caballos son capaces de conectarse con espacios no racionales de los humanos, produciendo un efecto que hoy está validado por la ciencia. Este contacto provoca que nuestro laboratorio interior segregue drogas de placer y bienestar que viajan directo a nuestras neuronas y provocan un cambio de percepción. Un encuentro profundo con un caballo puede producir una sanación, porque nos hace cambiar nuestra percepción de nosotros mismos, nos hace sentirnos protagonistas de nuestra vida en lugar de víctimas. Y eso lo cambia todo.

¿Por qué hay personas que les temen a los caballos o les generan desconfianza?

Creo que tenemos una relación muy conflictuada con nuestras emociones, especialmente con el miedo. Nos enseñan a temerle al miedo. El miedo es una emoción protectora que nos avisa de un potencial peligro. Su propósito biológico es protegernos. En un par de segundos debemos identificar la causa del peligro y tomar una acción protectora huyendo, defendiéndonos o haciéndonos los muertos.

El problema se genera con los miedos que no tienen una causa real. Le tenemos miedo a lo que no conocemos, pero no sabemos qué hacer con esta emoción. En lugar de preguntarnos si tenemos miedo –lo que nos deja inmovilizados y sin salida– sugiero hacer lo que se pregunta un caballo antes de decidir qué hacer: ¿estoy en peligro? Esto nos permite realizar pequeños acercamientos, con miedo, pero cuidando nuestra integridad física o psicológica. Esa es la valentía. Con miedo y sin actos temerarios comprobar si aquello que me atemoriza es un verdadero peligro y así poder continuar.

La gente que le tiene miedo a los caballos muchas veces está atrapada en traumas o creencias, pero cuando uno les da la oportunidad de mirar a un caballo concreto, no a “los caballos” –que es una generalización que no existe– entonces pueden discernir si ese caballo en particular es una amenaza y decidir qué hacer. Esta es la base de la empatía. Si puedo entender al otro y saber qué necesita para estar cómodo, entonces puedo convivir con cualquier otro en manada, beneficiándome de todo lo nuevo que trae para mi vida.

¿Cuándo un caballo se comporta en forma agresiva? Hablas de la falta de coherencia…

Cuando estamos encerrados en la cabeza, pensando, desconectados del cuerpo y de lo que está pasando a nuestro alrededor. El caballo nos puede percibir como un peligro porque él no entiende nuestros rollos mentales, no entiende que “desaparezcamos en la mente”. Percibe que no estamos ahí y eso es peligroso a la hora de actuar en sincronía, porque uno no está atento. He observado en repetidas ocasiones a caballos mostrar conductas agresivas con personas que están escondiendo algo, que no están siendo congruentes. Lo bonito del trabajo es que cuando esa persona se abre, transparenta lo que sea que estaba ocultando, el caballo se vuelve manso y tranquilo a su lado y eso provoca una sensación imborrable en el alma del humano.

¿Cómo puede el caballo enseñar a fijar límites emocionales de autocuidado?

Los límites son un elemento esencial de la vida en comunidad. Los caballos lo entienden y lo practican, porque saben que de eso depende su supervivencia. Un caballo escucha la incomodidad cuando aparece, por ejemplo, en la forma de algún conflicto con otro caballo, y lo resuelve en el acto, sin sacar un expediente previo lleno de quejas, usando solo la energía necesaria. El caballo sabe que no puede acumular rabia porque eso es un gasto de energía inútil que desvía la atención de lo importante, que es estar en el presente, tranquilo y atento.

También sabe que sea lo que sea lo que ocurra con otro miembro de la manada, al final deben volver a pastar juntos y por eso cuidan mucho el no sobre-reaccionar o causar heridas imborrables. Esta metáfora me parece muy adecuada para enseñar a nuestros niños a crecer en manada, en las salas de clases, en las familias, en los barrios.

Niños vulnerables y Mascota Maestra

Soledad nos cuenta de su nuevo proyecto: “He visto lo que un caballo es capaz de hacer con niños que se han visto vulnerados en sus necesidades básicas de seguridad y protección, de amor incondicional. Nosotros realizamos experiencias con manadas en libertad y muy rápidamente los niños encuentran en los caballos a alguien que los ve, que los reconoce, que los elige una y otra vez. Y este proceso resulta en un cambio de percepción de sí mismos, aparecen mecanismos de autorregulación. Ellos reportan sentirse “diferentes”.

El trabajo con caballos y estos menores es increíble, pero en la práctica es difícilmente replicable a nivel masivo. Hay una dificultad implícita en mantener caballos, en el número de asistentes por sesión, en la complejidad que suponer trabajar con caballos en libertad, porque son muy rápidos para reaccionar y esto implica un peligro. Es por esto que estoy trabajando en un nuevo programa que se llama “Mascota Maestra”, que puede ser la respuesta a este dilema y donde los temas de trabajo son autonomía, empatía y autorregulación.

Este año se ha estado preparando un grupo de profesionales en el conocimiento de la psicología de perros, gatos, gallinas y conejos. Y, por otra parte, en la manera de adecuar la metodología con caballos, que ya lleva muchos años y está probada, a estos animales domésticos. Esperamos poder ofrecer este programa el 2018 porque recibimos muchos requerimientos de niños menores (entre 4 y 6 años) con los cuales la metodología AFE no es adecuada por el tamaño de los caballos.

Está aumentando en forma alarmante el número de niños que tienen problemas al entrar al sistema escolar (pre-kínder) y donde los padres se ven cuestionados y exigidos a someterlos a evaluaciones y terapias que no desean para sus hijos, a los que ven como totalmente normales. Estos niños serán los principales beneficiados de este nuevo programa, que dada la naturaleza de los animales que se ocupan, es más fácil de implementar y de ir a diferentes lugares donde se requiera”.

Escrito por
Más por Sonrie Mama

¿Por qué la leche cuida tu piel?

Siempre se ha dicho que Cleopatra se daba baños de leche como...
Leer Más

1 Comment

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *