Obesidad escolar: ¿cómo enfrentar este problema?

De acuerdo al Mapa Nutricional de la Junaeb 2016, existe un 50% de niños obesos en prekinder y kínder. Por otra parte, la reciente Encuesta Nacional de Salud 2017 confirmó un alarmante 45% de obesidad en escolares de enseñanza media. Estas cifras nos ubican en el primer lugar del ranking latinoamericano de obesidad infantil y el sexto en el mundo. ¿Qué está pasando con los escolares chilenos en materia de nutrición?

Alejandra Parada, directora de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad Católica, destaca los esfuerzos públicos realizados y, por sobre todo, la reciente ley de etiquetado nutricional y la regulación de la publicidad asociada a la industria de alimentos. “Estamos en un punto crítico en que la alimentación ocupa parte importante de la agenda, pero es necesario complementar los esfuerzos nutricionales y las políticas públicas a lo largo de toda una cadena, desde educación temprana, escolar y universitaria, hasta espacios laborales; y medir el impacto de cada estrategia para evaluar su efectividad”, señala Parada.

Si bien la familia es siempre el primer responsable en cuanto a ejemplos de hábitos de alimentación, los espacios educativos, los medios de comunicación, la publicidad y la industria alimenticia también cumplen un rol determinante como agentes influenciadores.
En general, las cifras de obesidad entre 1980 y el año 2010 aumentaron entre un 5 y un 10 por ciento a nivel nacional y latinoamericano, tanto en adultos como en niños. “El INTA nos dice que en poco tiempo más vamos a llegar al 70%; es decir, 7 de cada 10 niños va a tener obesidad en un plazo no mayor a 10 años”, asegura Carla Leiva, nutricionista y magíster en el área pediátrica, docente de Nutrición y Dietética de la Universidad Católica.

Educación temprana

Las principales causas claramente son los hábitos alimentarios. La ENCA, Encuesta Nacional de Consumo Alimentario, que se hizo hace un par de años, muestra un bajo consumo de alimentos saludables como verduras, frutas, cereales integrales, lácteos descremados y pescado; respecto del consumo de alimentos no saludables como comida chatarra y productos ricos en azúcares, que hoy contribuyen a estas estadísticas de obesidad infantil. “Los niños consumen diariamente 3 a 5 veces más azúcar de lo que debieran”, asegura Carla Leiva.

La experta señala que necesitamos al nutricionista durante todo el ciclo vital, ya que por el momento los niños sanos solo son controlados al quinto mes y tres años y medio en el sistema público de salud. Y lo que necesitamos para obtener un impacto real en las familias es incluir la educación nutricional de forma temprana para así apuntar a la prevención más que el tratamiento. “Debemos intervenir desde la concepción ya que está comprobado que la mujer embarazada/nodriza que amplía y diversifica su alimentación determina los hábitos alimentarios que tendrá su hijo y la aceptación que éste tendrá de nuevos alimentos, preferentemente frescos y naturales, de diverso sabor, color y textura”, añade.

A los 3 años de vida se consolidan los hábitos alimentarios y desde el año puede instalarse el concepto de neofobia o rechazo a los alimentos nuevos. Por eso es tan importante trabajar la sensibilización, insistir y degustar todo tipo de legumbres, pescados, frutas y verduras, en distintos formatos y presentaciones, considerando a la familia como eje fundamental y al jardín infantil como un apoyo vital.

Buenas ideas

En el ámbito escolar:

  • Fortalecer estrategias como los kioscos y colaciones saludables.
  • Clases de cocina saludable a niños y padres.
  • Degustaciones de alimentos saludables.
  • Proponer estrategias de enseñanza en alimentación saludable y actividad física en los distintos niveles.

“Esto no pasa solo por entregar contenido o conocimiento, sino incorporar hábitos saludables y hacer un acompañamiento y evaluación del impacto, combinado con la actividad física”, añade Leiva.

Como sociedad:

  • Dejar de poner la comida como el centro o la excusa de cada celebración o reunión.
  • Mejorar los ejemplos en casa.
  • Promover la libre disposición de frutas y verduras.
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