Tras advertir que los seres humanos siguen sufriendo pese a todos los avances y comodidades de la vida moderna, Buda decide regresar a la Tierra dos milenios y medio después. Lo hará encarnado en Sid, un joven taxista que se dedica a resolver los problemas que le cuentan los pasajeros. Mientras los conduce por la ciudad, Buda enseñará a sus clientes a desapegarse de todo lo que les hace sufrir: relaciones de dependencia, miedos, ansiedad, falta de comunicación y preocupaciones.

Ese es el trasfondo del libro “Si Buda fuera taxista” (Ediciones Obelisco), una fábula divertida y lúcida que enseña de manera sencilla las claves del budismo para nuestra vida cotidiana. Se trata de 26 microrrelatos escritos por el psicoterapeuta y coach uruguayo Mario Reyes, quien imparte talleres sobre proyecto de vida, una tarea que le apasiona y a la que dedica la mayor parte de su tiempo.

Sonríe Mamá & Familia conversó con el experto para dar respuesta a ciertas preguntas que pueden surgirle a los padres en la crianza de los niños, donde enseñar conceptos como el desapego, la atracción de ciertos pensamientos, el desarrollo del amor, el valor del tiempo presente y el silencio puede ser fundamental.

¿Cómo potenciar la autoestima de los niños para que puedan encontrar en ellos lo que necesitan?

La autoestima es estimarse uno mismo. Cuando se es niño necesitas que te motiven con aplausos si haces algo bien. De esa forma los pequeños van creando confianza en sí mismos. La baja autoestima se produce cuando le dices a un niño “tú eres” eso negativo: eres tonto, eres flojo, etc. Lo que deben decir los padres frente a una mala conducta es: “En este momento te estás comportando de manera tonta”. Todo lo bueno del niño debe ser aplaudido y todo lo negativo que haga debe asociarse a “en este momento”.

A veces los hijos no actúan como uno espera o anhela. ¿Cómo aprender a soltar?

Cuando los padres tienen expectativas claramente se pueden cumplir o no cumplir. Soltar es una filosofía de vida. Tal como dice Khalil Gibran, “los hijos no son tuyos, vinieron por ti, pero no son tuyos”. Ellos vinieron a vivir una experiencia personal en el mundo y es necesario soltarlos para que la vivan. Eso no significa que los padres no deban estar atentos y brindarles cuidados, pero hay que dejar que se desarrollen. Si atas a tu hijo no va a poder vivir la experiencia y tendrá que pasarla años más tarde. Pero mientras más pronto el niño viva la experiencia su cerebro administrará eso como una sabiduría. Sin experiencia, no hay crecimiento.

¿Qué es lo esencial que debo enseñar a mis hijos entendiendo que cada uno es diferente?

La primero que se deben preguntar los padres es: ¿Qué te gustaría recibir si fueras hijo en este momento? Ahí está la respuesta, lo que salga de ti es lo que tienes que hacer. El hacerlo bien implica expresar los sentimientos buenos y también los malos, brindar caricias, contención, arropar, leer cuentos y hacer sentir a los hijos que la presencia de los padres es real. Cada hijo, por ser diferente, vivirá ese cariño de distinta manera.

Si mi hijo comienza a tener conductas de riesgo (alcohol, drogas), ¿dónde se debe poner el acento para promover un cambio de actitud?

Cualquier conducta de riesgo en los niños es un efecto y no causa, por ende, hay que descubrir la causa que provocó esa conducta. Es importante que los hijos se sientan acompañados por la familia, que puedan hablar con tranquilidad con sus padres. La conducta de riesgo es la necesidad de ser diferente, es una forma de queja porque alguien no le está cubriendo su necesidad.

Ahora bien. Hay etapas de la vida donde los hijos prefieren estar con los amigos, en ese momento entonces hay que tener cuidado con su mundo social. Si alguien me dice: “Mi hijo no me escucha”, yo le respondo: “Hable con un amigo que sea referente para él, a fin de que le lleve el mensaje que quiere dirigirle”.

¿Cómo mejorar la comunicación entre padres e hijos?

En el libro “El caracol dorado” enseño los talentos que nadie nos ha enseñado en el colegio y por los cuales fracasamos en la comunicación con la pareja y con los hijos. La clave está en desarrollar el talento más importante de todos: saber escuchar. Si nadie escucha, no hay comunicación. Escuchar significa estoy presente en ti, vacío en mí y atento a todo lo que haces. Cuando uno se siente escuchado se siente importante, eso le pasa a los hijos. Lo otro que debemos entender es que detrás de cada queja hay una necesidad no cubierta. Descubrir la necesidad y expresarla es buenísimo para la comunicación.

En un mundo tan ruidoso y lleno de pantallas, ¿cómo muestro a mis hijos el camino del silencio como eje de autoconocimiento?

Hace 20 años se descubrieron las neuronas espejo, un tipo de neuronas que se activan cuando se ejecuta una acción y cuando se observa ejecutar esa acción. Por ello se les asignó como apellido “espejo”, porque de algún modo reflejan lo que se ve. Pensando en los padres debemos entender que todo aquello que nosotros mostremos a los hijos como conducta, ellos lo replicarán. Por lo que educar en el silencio debe partir de nosotros como padres. Sin embargo, el silencio es algo muy trabajoso, es un proceso a largo plazo.

¿Puedes explicar la frase: “Dale a tus hijos alas para volar, raíces para regresar y razones para quedarse”?

Esta frase es la base de la educación. Lo primero se refiere a que los hijos deben vivir su propia vida y experimentarla, darle alas como padres. Lo segundo tiene que ver con la paz que uno ve como hijo. Por ello, debemos darles la posibilidad de que estén bien con nosotros, que estén tranquilos. Y lo tercero tiene que ver con la actitud de los padres: un espacio sin quejas, sin juicios, donde el hijo pueda hablar. Así tendrá muchas razones para quedarse.

¿Cómo enseñar el desapego?

Para desapegarse lo primero que se debe hacer es tomar conciencia de que sufro y luego ver con qué sufro, para descubrir a qué estoy apegado y de ahí soltar eso. Cada sufrimiento tiene su propio apego. Por eso en el libro hablo de 23 sufrimientos asociados a distintos apegos. Si logras desapegarte, no sufres. El desapego es una filosofía de vida y de ver a los otros entendiendo que no son míos. Tiene que ver con aceptación incondicional.

¿Cuáles son las virtudes fundamentales que los padres debemos intentar desarrollar en nuestros hijos?

Son dos: la caridad y la humildad. De ahí nacen todas las otras. Son lo opuesto al orgullo y la envidia. De la caridad se desprende la empatía, la compasión y el entendimiento hacia el otro. La humildad significa escuchar, bloquear el ego y dejarlo más en silencio.