El primer amor: cómo ayudar a tus hijos

El primer amor es aquel que se concentra en una imagen idealizada por las ilusiones de la juventud temprana, en que la mente elabora sueños imposibles y difíciles de materializar.

Por eso, es más una emoción ideal, la que generalmente ocurre cuando aún no se está preparado para enfrentar a una persona del sexo opuesto, aferrándose a una idea sin razonar, imaginando situaciones y fantaseando con lo no conocido o no experimentado.

Aparece entre los 10 o 12 años, incluso menos. Este primer amor es romántico y no suele asociarse con el sexo, ya que no pueden ser concebidos unidos. No obstante, lo más común es que esta sensación de enamoramiento ocurra durante la adolescencia. Por eso, es importante que los padres conversen con sus hijos antes de que comiencen a entablar relaciones.

Hablar

Es importante que cuando los niños entren en la preadolescencia hablen con sus padres sobre sus intereses, enamoramientos pasajeros y aspectos básicos de la sexualidad. De esta forma, al iniciar un “pololeo”, los adolescentes deberían entender la diferencia entre emoción y sentimiento, es decir, entre estar enamorado y el amor maduro.

Cabe destacar que en esta etapa los jóvenes tienden a ser más reservados, así que lo mejor es comenzar la conversación sobre las expectativas y responsabilidades, o sobre las reglas con respecto a las relaciones. Se puede hablar con ellos en diferentes días y oportunidades, y no reducir el tema netamente a lo sexual. Los padres deben escuchar a sus hijos sin juzgarlos para que los sientan como una fuente de apoyo y confianza.

¿Es para siempre?

A veces, el primer amor perdura toda la vida y llega a concretarse. Sin embargo, cuando no se materializa, en algunos casos provoca pérdida de la autoestima y sentimiento de fracaso por haber sufrido una pérdida irreparable, que puede condicionar las relaciones futuras o simplemente haber sido una experiencia.

Generalmente resulta difícil de entender, ya que sólo se logra cuando hay un mayor dominio del control emocional. Por eso, es necesario que los padres le aclaren a sus hijos que el pololeo es un tiempo de prueba, que es normal sentir tristeza y que, incluso, el recuerdo puede durar toda la vida.

En el caso que el adolescente tenga ansiedad excesiva, producto de una relación o durante un período prolongado después del término de ésta, es recomendable conversarlo con un especialista.

 

Fuente: Cristian Bahamondes, psicólogo adolescente de Clínica Santa María. www.clinicasantamaria.cl

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