Según un estudio de Adimark, el 69% de los chilenos usa cotidianamente el celular en el baño, mientras un 42% lo hace mientras come. El móvil está tan involucrado en nuestras vidas, que casi el 90% de los chilenos lo utiliza mientras está en la cama antes de irse a dormir, pudiendo provocar problemas de pareja.

Según la OMS, la distracción que genera un celular es peor que conducir en estado de ebriedad. Por ello, diversas autoridades —como el Ministerio de Transportes— están preocupadas por el alto uso del celular y la adicción que puede generar. Sí, porque el estar constantemente conectado es un tema que afecta a muchos chilenos, en particular a los jóvenes.

Ha sido tal el impacto de este aparato en la vida de las personas que hoy surge un nuevo trastorno llamado nomofobia. Una abreviatura de la expresión inglesa “no-mobile-phone phobia”. Se refiere al miedo irracional que se produce al salir de casa sin el celular, cuando se acaba la batería o cuando no hay cobertura. En estos casos se siente una infundada sensación de incomunicación. Los síntomas más graves de este trastorno son ansiedad, taquicardia, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y dolor de estómago.

Características

Y es que las nuevas tecnologías han traído nuevos trastornos sobre los cuales hay que prestar atención, sobre todo si los afectados son niños o jóvenes. Diana Kushner, directora de tratamiento del Centro de Investigación y Asistencia a las Drogodependencias, explica que hace un tiempo se detectó en Japón por primera vez una psicopatología llamada “hikomori”. Dice relación con el abuso de nuevas tecnologías y cuyo síntoma más delicado es el aislamiento social. Algunas características que muestran los afectados son:

  • Las actividades que rodean al adolescente pasan a no tener interés o a segundo plano. Incluso actividades que antes eran placenteras como salir con los amigos.
  • Hay un aislamiento del resto de la familia. El joven pasa horas encerrado en su habitación y le cuesta respetar incluso los horarios de comida o sueño.
  • El adolescente se vuelve huraño  e irritable. Discute fácilmente y no obedece. Los adultos lo dejan hacer, porque no pueden establecer normas.
  • Miente y oculta sus actividades para justificar o tapar algunas de sus conductas. Comen en la pieza o en forma veloz para volver a conectarse, hay un estado permanente de inquietud y ansiedad.
  • Tienen dificultades en su rendimiento por privilegiar estar conectados.

Evitar el avance

De acuerdo a la experta, existe mayor riesgo de caer en esta patología si a más temprana edad se facilitan equipos de nuevas tecnologías. También si se privilegia el uso de éstos mayoritariamente para jugar, si la familia no establece reglas básicas de uso y no priorizan encuentros de diálogo.

“Hoy enfrentamos cambios importantes en la sociedad. Somos seres ansiógenos, inmediatistas y en busca de placer, evitando lo doloroso o desagradable. Estas características nuevas tienen consecuencias y repercusiones en el desempeño social. Esto obliga a plantearnos nuevos desafíos para entregar herramientas saludables y evitar el avance de enfermedades psicopatológicas”, señala.

 

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