Un testimonio sobre adopción

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Un testimonio sobre adopción

Catalina, de 40 años, tuvo desde muy joven una vocación de servicio y trabajó por mucho tiempo en el mundo de las organizaciones sociales, especialmente en hogares de niños. Lo cual le ayudo en su proceso de decisión sobre la adopción.

Según cuenta, “la adopción siempre estuvo presente en mi casa como tema. Mis hijos iban conmigo a los hogares, conversábamos con ellos sobre esta posibilidad. Intuía que como familia viviríamos una adopción, pero no me imaginaba cuándo, ni menos dónde”.

Uno de los aspectos que gatilló la adopción fue la pérdida de su hijo Clemente, a los 9 meses de embarazo. Esto marcó a toda la familia, en especial a sus hijos, con un tremendo amor que quedó presente en cada uno.

“Comprendí que el amor que nos dejó esta guagua llegó muy lejos. Al cabo de un año y medio de la pérdida, tuve la intuición de que ‘alguien’ me esperaba. Entonces comencé a explorar lo más cercano”.

La adopción en Chile

Para ella, la adopción en Chile era lo más sensato porque conocía el ambiente de los hogares. Como era directora en uno de ellos, tuvo durante 6 meses la experiencia de cuidar guaguas y probar su capacidad de vincularse con niños que no fueran sus hijos biológicos. Y le gustó mucho.

Lo conversó con su marido y pidieron reunión en el Sename para averiguar más sobre la adopción.

Pero, además de la experiencia vivida como “cuidadora”, Catalina había descubierto algo nuevo: “Yo necesitaba sentir que nuestro corazón como familia se conectaba con ese nuevo niño y al plantear esta inquietud en el Sename nos aclararon que en el sistema chileno el niño es asignado. Entonces, comprendí que ese camino no era para nosotros”. La intención de adopción seguía creciendo fuertemente.

“Cuando la vi, supe que la había encontrado”

Fue entonces cuando el hermano de Catalina le habló de Haití, país que había sufrido un sismo devastador y donde muchas familias habían quedado fragmentadas.

Le comentaron que existían hogares con menores susceptibles de ser adoptados y partió con una prima a ver en terreno la situación de Puerto Príncipe, la capital.

Después de un recorrido que se hizo largo y nervioso, llegaron al hogar de menores que les habían recomendado. Su atención se dirigió inmediatamente hacia tres pequeñas niñitas que la saludaban: “Bonyou, bonyou” (bonjour significa buenos días en francés).

Una de ellas era la Cata, quien se convertiría en su futura hija. Y recuerda: “En un momento te abracé fuerte y sentí que ya estabas en mi corazón; supe que me estabas esperando para ser tu mamá adoptiva”.

Catalina sacó fotos y videos para llevar de vuelta a Chile y así presentar a la pequeña a su marido e hijos, quienes de inmediato compartieron el sueño de la mamá.

El proceso de adopción

Entusiasmados con la idea de traer a la Cata a Chile, iniciaron los trámites en Fundación Mi Casa para demostrar su idoneidad como familia. Después de varias entrevistas recibieron, en enero de 2011, el certificado correspondiente con el que podían viajar a Haití y ser presentados para obtener la custodia legal de su hija.

En ese proceso también conocieron a la mamá biológica, una haitiana viuda y madre de otros cuatro hijos, quien se quedó tranquila y confió en que esta familia cuidaría bien de su hijita.

Un largo y feliz proceso

Catalina explica que los procesos de adopción siempre son complejos. Pero más aún cuando son en otro país, con otro idioma y otras instituciones. “Haití estaba muy destruido aún por el terremoto. El caos era en todo sentido y habían casi 3.000 carpetas pendientes en el IBERS (Sename haitiano).

Además, sientes que te vas encariñando y necesitando cada vez más ver a tu hija, quien estaba en constante riesgo ya que las condiciones en que vivían, si bien eran buenas para Haití, no eran salubres ni adecuadas para niños pequeños.

Viajes y familia

Entonces nos propusimos viajar cada dos meses. Al dejarla sentíamos un dolor gigante, aunque con el tiempo pude darme cuenta de que ese periodo de trámites fue necesario para que ella se fuera vinculando con nosotros y con todo lo que vivíamos”. Y agrega: “Cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que en esta historia hubo una mano divina”.

Se coordinaron con otras dos familias que estaban haciendo trámites de adopción con niñitas del mismo hogar y entre los seis se dividieron el trabajo, los viajes y los interminables trámites.

“Dimos muchos palos de ciego, avanzamos y retrocedimos mil veces, nos esperanzamos y lloramos. Vivimos en un carrusel de emociones durante todo el año que la Cata estuvo esperándonos en Haití”.

Los hermanos

Desde que vieron las primeras fotos, sus hermanos fueron muy partícipes. “En cada viaje nos conectábamos por Skype con ellos y así se fueron conociendo.

También los llevamos a Haití, porque queríamos que la conocieran en persona, que entendieran su origen e historia.

Fue muy lindo ver cómo en el primer encuentro ella se fue rápidamente a los brazos de sus hermanos. Jugó con ellos, la hicieron reír, la cuidaron, le enseñaron a hablar y a comer. Todo esto en intensos cuatro días”.

La familia de la Cata

Cuando finalmente el papá pudo viajar con ella a Chile, en septiembre de 2012 —después de meses eternos, largos y estresantes— Catalina y sus demás hijos esperaron a Cata en el aeropuerto con una emoción difícil de olvidar.

Apenas ella los vio, los reconoció, los nombró y el hermano mayor, Nacho, la abrazó con una ternura tan especial que su madre aún lo recuerda y se conmueve.

Integración familiar en la adopción

Todos estos detalles permitieron que la integración familiar fuera inmediata. Para Cata fue un cambio de casa, pero dentro de un grupo conocido.

Y Catalina explica que no hay diferencias al interior de la familia: “La quieren como a cualquier hermano.

Si hay que pelear, pelean. Si hay que retarla, la retan. Si hay que regalonearla, también lo hacen y mucho. Obviamente ella destaca en cualquier lugar.

Todo el mundo sabe su nombre y además es una niñita con mucho ‘ángel’ y gran personalidad. Nos reímos, porque de un minuto a otro pasamos a ser la familia de la Cata, la mamá de la Cata, los hermanos de la Cata”.

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