Jóvenes y alcohol: 5 señales de que necesitan ayuda

Cada vez son más recurrentes las noticias sobre jóvenes que beben hasta quedar ebrios en playas, discotecas, plazas y otros lugares  públicos. El resultado: peleas y otros desmanes. De hecho, la última Encuesta Nacional de Salud detectó un incremento significativo del consumo de alcohol entre adolescentes de 15 a 19 años.

Según el psicólogo de Centros Médicos Vidaintegra, Felipe Mora, una arista esencial para entender este comportamiento es la percepción de autocontrol que tienen los jóvenes en esta etapa de sus vidas. “Es una conducta cada vez más frecuente y en edades más precoces, ya que existe una sensación de invulnerabilidad. Sienten que todo lo pueden manejar”, asevera el especialista.

El beber en exceso muchas veces se produce por presión de los amigos y también porque el alcohol funciona como una vía de escape para aquellos que vienen de familias disfuncionales o se sienten estresados. “Este estilo de vida puede derivar en intoxicaciones por alcohol. Estas son muy complejas porque generan una deprivación del sistema respiratorio e incluso comas etílicos con riesgo de muerte”, afirma.

Cuáles son las señales

Observar el comportamiento de los hijos es fundamental para identificar si existen signos que revelen un problema con el consumo de alcohol. Algunas señales son:

  1. El bebedor no puede reducir el consumo de alcohol o pararlo. Cada vez pasa más tiempo bebiendo, buscando trago o recuperándose de los efectos del alcohol.
  2. Esconde que bebe o toma solo.
  3. El problema con la bebida está afectando negativamente su vida, resultándole difícil mantener un ritmo normal en la casa y/o estudios. Además, está interfiriendo en sus relaciones personales.
  4. El abuso está dañando su salud. Uno de las señales de alarma es empezar a dormir mal. Casi el 60% de los alcohólicos sufre insomnio.
  5. Queda inconsciente luego de una salida.

Si bien estas dificultades podrían resolverse conversando, se recomienda acudir a un especialista para que identifique otros signos que los padres no hayan detectado. Por ejemplo, cuadros depresivos, trastornos del ánimo, disfunciones familiares etc. “El tratamiento que se aplique dependerá de cada caso. Sin embargo, los pasos en general comienzan por evaluar por qué se está dando el consumo. Si es necesario se realiza psicoterapia familiar e individual”, explica.

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